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Mamá ya no es la misma

Cuando mamá ya no es la misma

“Extraño a mi mamá de antes”. Esa frase la he escuchado más veces de las que quisiera. Acompañando en consulta a hijas e hijos que atraviesan el proceso de cuidar a sus padres mayores, esas palabras llegan con un nudo en la garganta. Vienen cargadas de amor, pero también de miedo, cansancio, culpa y tristeza. Porque cuando mamá ya no es la misma, algo en nosotros también cambia.

Hay un tipo de duelo del que poco se habla, pero que muchas personas viven en silencio: el duelo por quien aún vive, pero ya no es como antes: “Mi mamá está viva… pero ya no está. No recuerda, ya no se ríe como antes, ya no se enoja siquiera. La siento lejos”. Y es que acompañar a un padre o madre que envejece no sólo implica una transformación externa, sino una transformación interna. Ya no se trata solo de cumplir años, sino de ver cómo su presencia, antes firme y luminosa, se va apagando poco a poco. Esto genera confusión emocional, nostalgia… y un dolor que cuesta nombrar.

Junto al duelo aparece otra realidad innegable: el desgaste físico y emocional del cuidador que nos lleva a tener pensamientos cargados de culpa y cansancio:  “He perdido la paciencia más de una vez. Luego me siento horrible… pero estoy agotada”. Intentar estar a la altura no siempre es suficiente. Se organizan citas médicas, se vigilan medicamentos, se hacen mandados, se acompaña, se escucha, se consuela… Y aun así, hay días en los que simplemente ya no se puede más. No por falta de amor, sino por falta de energía. Ese agotamiento tiene nombre: burnout del cuidador. Y es más común de lo que creemos.

Pedir ayuda, tomar un respiro, poner límites… son actos que muchas personas evitan por una razón muy poderosa: la culpa. Surgen pensamientos silenciosos como: “Si me canso, es porque no estoy hecha para esto”, “Si me alejo, soy mala hija”, “¿Y si nadie más lo hace?”. El problema es que la culpa no solo no ayuda, sino que minimiza el derecho de quien cuida a también ser cuidado. En este proceso, no hay perfección posible. Lo que hay es presencia amorosa… con errores, cansancio y todo.

Y así como nosotros vivimos nuestro duelo, ellos también viven el suyo. A veces, los adultos mayores expresan su dolor, aunque lo hagan en frases que desgarran: “Ya no sirvo para nada”, “Solo doy problemas”, “Antes yo podía sola…”. Detrás de esas palabras también hay tristeza. También hay una despedida. Ellos no solo pierden facultades; pierden roles, independencia, identidad. Como me gusta decir en consulta: lo que dicen no siempre es una queja, es una forma de pedir contención.

No tienes que saberlo todo. Habrá días en los que perderás la paciencia, en los que llorarás en silencio, en los que te preguntes si lo estás haciendo bien. Pero si estás ahí, aunque cansado, aunque sin saber del todo cómo… estás acompañando. Y eso también es amor.

Soy Lorena Amescua Pavón, psicóloga clínica y terapeuta en consulta privada. Este texto nace de muchas historias de hijas e hijos que viven este proceso entre amor, rabia y agotamiento. Lo escribo con el deseo de que ninguna persona cuidadora se sienta sola, y que podamos nombrar este duelo que no se ve, pero que se siente todos los días.

Extrañar a tu mamá aunque esté viva no es egoísmo. Es una forma de amor.

¿Te ha tocado cuidar a quien antes te cuidó? Cuéntanos en el revistazo estamos para ti.

Te invitamos a compartir tu historia, reflexionar y dejar tus comentarios. La Psic. Lorena Amescua estará pendiente para leerte y responder.

Habla con la experta:

E-mail: lorena.amescua83@gmail.com

Teléfono: +52 56 1890 8365

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3 comentarios en “Mamá ya no es la misma”

  1. A mí me chocó mucho el consejo de «pedir ayuda». Mi mamá no se deja ayudar por nadie más que no sea yo. Todo le molesta. ¿Cómo se le explica a un adulto mayor que no es un rechazo sino una necesidad tuya? Es una situación muy complicada.

  2. Me identifiqué mucho con lo del burnout del cuidador. Mi papá tiene Alzheimer y los días son muy largos. A veces solo quiero desaparecer un rato para recuperar el aliento. ¿Qué recomendaciones darían para gestionar esa culpa que se siente al querer tener un momento para uno mismo? Es que es muy difícil.

  3. Ay, qué texto tan necesario. Justo lo que necesitaba leer. He sentido todo lo que describe: el cansancio, la culpa, el nudo en la garganta al ver a mi mamá que ya no es la misma. Y sí, es un duelo. Es como si estuviera y no estuviera al mismo tiempo. Siento un gran alivio de saber que no soy la única que se siente así, gracias por nombrarlo.

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