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Cuando la diabetes te nubla la vista. Retinopatía diabética | David Rivera de la Parra

Retinopatía diabética

María, una lectora de 58 años de Guadalajara, nos escribió al buzón en el revistazo contándonos su miedo. Después de 15 años viviendo con diabetes, empezó a notar que su visión se nublaba, como si hubiera una mancha de aceite en sus ojos. Su médico le dijo dos palabras que no entendió: retinopatía diabética. Y así, entre el desconocimiento y el terror, empezó su calvario.

En México, la historia de María se repite más de lo que quisiéramos. Somos el país con más casos de diabetes en Latinoamérica, y esta enfermedad silenciosa trae consigo un efecto secundario que pocos mencionan: el daño a los ojos. La retinopatía diabética es la causa principal de ceguera en adultos en edad laboral, pero casi nadie habla de ella hasta que es demasiado tarde.

Lo peor es que muchos, como María, llegan al oftalmólogo cuando ya han perdido buena parte de su visión. La retinopatía no avisa, no duele, no pide permiso. Simplemente se instala en tus ojos mientras tú sigues viendo el mundo como si nada pasara. Hasta que un día, la vida se empieza a borrar.

El enemigo invisible dentro de tus ojos

La retinopatía diabética ocurre cuando los niveles altos de azúcar en la sangre dañan los pequeños vasos sanguíneos de la retina. Con el tiempo, estos vasos se hinchan, se tapan o dejan escapar líquido. El problema es que todo esto pasa sin que te des cuenta. Según datos recientes de la Federación Mexicana de Diabetes, el 40 % de las personas con diabetes tipo 2 desarrollarán algún grado de retinopatía después de 10 años con la enfermedad.

En números crudos, estamos hablando de más de 4 millones de mexicanos en riesgo de perder la vista por esta causa. Y lo más preocupante: menos del 50 % de ellos se hace un examen anual de la vista. La mitad está caminando hacia la ceguera sin ni siquiera saberlo. El IMSS reporta que atiende más de 8000 nuevos casos de retinopatía diabética cada año, muchos en etapas avanzadas.

Pero aquí viene lo más cruel de todo: la retinopatía diabética es prevenible en el 90 % de los casos si se detecta a tiempo. Un simple examen de fondo de ojo una vez al año podría salvar la vista de millones. Sin embargo, entre la desinformación, la falta de recursos y la cultura de «voy al médico solo cuando me duele algo», estamos perdiendo la batalla.

Mitos que ciegan más que la diabetes

«Si veo bien, no tengo problemas en los ojos», nos dijo otro lector en el buzón. Error mortal. La retinopatía diabética en sus primeras etapas no afecta la visión. Cuando notas que algo va mal, el daño ya está avanzado. Otro mito peligroso es creer que solo los diabéticos con azúcar muy alta desarrollan retinopatía. La verdad es que incluso con niveles moderadamente altos de glucosa, el daño puede estar ocurriendo lentamente.

El estilo de vida también juega un papel clave en este drama. Muchos pacientes creen que con tomar sus medicamentos ya está todo resuelto. Pero la realidad es que sin control de la presión arterial, sin alimentación adecuada y sin ejercicio regular, las medicinas solas no pueden proteger completamente los vasos sanguíneos de los ojos. Fumar es otro factor que acelera el daño, aunque pocos lo saben.

Lo más doloroso es ver cómo esta condición cambia vidas. Don Javier, otro lector que nos escribió, perdió su trabajo como chofer por la retinopatía diabética. A sus 62 años, ahora depende de su familia para todo. «Es como si la diabetes me hubiera robado dos veces», nos confesó. «Primero mi salud, ahora mi independencia». Historias como esta se repiten en todo el país, silenciosamente, mientras el reloj sigue corriendo para otros millones.

La voz de la experiencia

David Rivera de la Parra, especialista en longevidad y bienestar, sabemos que has visto de cerca el impacto devastador de la retinopatía diabética. ¿Qué mensaje urgente le darías a nuestros lectores sobre cómo proteger su vista ante la diabetes? Compártenos esos casos reales que nunca olvidaste y los consejos que pueden cambiar vidas.

Casos reales y perspectiva única David Rivera de la Parra

Hoy, por diabetes, nadie debería perder la visión

Me gustaría comenzar dejando claro el primer y más importante mensaje que quiero que todos nuestros lectores se lleven: hoy, por diabetes, nadie debería estar perdiendo la visión.

¿Qué quiere decir esto? Que una gran parte de los casos de pérdida visual relacionada con la diabetes pueden prevenirse. Cuando llevamos a cabo una detección oportuna, un seguimiento adecuado y revisiones oftalmológicas periódicas, podemos identificar las complicaciones oculares en etapas tempranas y tratarlas de manera eficaz, antes de que ocasionen una pérdida visual importante.

Y, sin embargo, la diabetes continúa siendo una de las principales causas de discapacidad visual y ceguera en nuestro país. En nuestra clínica, donde todos los días atendemos y revisamos a personas que viven con diabetes, nos toca conocer todo tipo de historias: desde personas recientemente diagnosticadas hasta quienes llevan varias décadas viviendo con la enfermedad. Algunos tienen un excelente control metabólico; otros no tanto y, en algunas ocasiones, llegan con un descontrol importante.

Y es precisamente aquí donde me gustaría comenzar con las dos principales recomendaciones que tienen mayor valor para nuestros lectores. Las dos cosas más importantes para prevenir la pérdida visual relacionada con la diabetes son muy sencillas:

  1. Mantener un adecuado control metabólico.
  2. Realizar una revisión oftalmológica periódica, al menos una vez al año, de acuerdo con la indicación de su médico.

Permítanme explicar estos dos puntos con un poco más de detalle:

1. El control metabólico

¿Qué significa esto? Si bien es cierto que controlar el azúcar en sangre —también llamada glucosa— es fundamental en la diabetes, no debemos pensar que es lo único que debemos vigilar. También es muy importante mantener bajo control la presión arterial, el colesterol y los triglicéridos, llevar una alimentación adecuada, realizar actividad física y seguir correctamente el tratamiento indicado por nuestro equipo médico. Todo esto forma parte de lo que conocemos como control metabólico y cardiovascular, y es fundamental para disminuir el riesgo de desarrollar o progresar las complicaciones de la diabetes, incluidas las que afectan a los ojos.

2. La revisión oftalmológica periódica

La segunda recomendación es realizar una revisión oftalmológica periódica. Con el avance de la medicina, actualmente es posible detectar los cambios ocasionados por la diabetes en los ojos de manera cada vez más sencilla. Existen herramientas de diagnóstico que permiten identificar alteraciones en la retina incluso antes de que la persona note algún cambio en su visión. De hecho, hoy existen tecnologías capaces de realizar una primera detección de alteraciones compatibles con retinopatía diabética mediante fotografías de la retina y sistemas automatizados de análisis de imágenes.

Sin embargo, cuando se detecta alguna alteración, es fundamental que exista una valoración médica adecuada para determinar el diagnóstico y el tratamiento que cada paciente necesita. Lo más importante es entender que detectar a tiempo permite tratar a tiempo. Los tratamientos actuales para la retinopatía diabética son muy efectivos y, cuando se utilizan oportunamente, pueden reducir de manera importante el riesgo de pérdida visual.

Entonces, si los tratamientos son tan efectivos, ¿por qué seguimos teniendo tantas personas con problemas visuales relacionados con la diabetes? La respuesta es sencilla: porque muchas personas no se revisan los ojos periódicamente y, cuando finalmente llegan a una consulta, en ocasiones el daño ya se encuentra avanzado.

El problema es que algunos de estos cambios pueden comenzar y progresar durante años sin producir síntomas. Se estima que el 80 % o más de los casos de daño ocular no dan síntomas los primeros años y, para cuando la persona nota que ve menos, puede existir ya un daño importante que no siempre es completamente reversible.

En México, cerca del 90 % de las personas que viven con diabetes no realiza revisiones oftalmológicas con la periodicidad recomendada. Esto refleja que todavía existe un gran desconocimiento sobre la importancia de cuidar la salud visual en la diabetes. Por eso, si alguno de sus familiares, amigos o conocidos vive con diabetes, hay algo muy sencillo que podemos hacer: recordarle que también debe cuidar sus ojos y realizarse revisiones oftalmológicas anuales.

La historia de Lisa

Me gustaría platicarles de un caso que, para mí, es muy significativo porque ilustra lo importante y efectivo que puede ser seguir estas recomendaciones. Permítanme contarles la historia de Lisa. Ella es una paciente muy significativa y querida para mí porque, curiosamente, tiene la misma edad que mi hermana menor. La conozco desde hace más de diez años. Aproximadamente en 2014 se presentó por primera vez en mi consultorio, cuando tenía tan solo treinta años.

A Lisa le diagnosticaron diabetes tipo 1 a los siete años de edad. Desde entonces ha vivido con una diabetes de difícil control que, con el paso del tiempo, comenzó a afectar sus ojos. A pesar de ser una profesionista muy dedicada, trabajadora e inteligente, su diabetes fue provocando cambios pequeños pero progresivos en su retina. Cuando la conocí, en 2014, prácticamente no presentaba cambios importantes relacionados con la diabetes en sus ojos. Sin embargo, con el paso de los años y después de casi tres décadas de vivir con diabetes, era esperable que aparecieran algunas manifestaciones de daño en la retina (retinopatía diabética).

Durante los primeros años de su enfermedad, nadie le había explicado la importancia de realizar revisiones oftalmológicas periódicas. Pero desde 2014 comenzó a acudir regularmente a revisión.

Hace algunos años, en 2022, presentó su primer sangrado ocular significativo. Lo importante es que ella no había notado ningún síntoma importante que le hiciera pensar que algo estaba ocurriendo. Gracias a que acudía regularmente a sus revisiones, pudimos detectar el problema oportunamente y establecer el tratamiento adecuado. En su caso, fue necesario realizar sesiones de láser, con las cuales conseguimos controlar la enfermedad y prevenir una pérdida visual.

Como su diabetes continuaba siendo de difícil control, sus niveles de glucosa no siempre se encontraban en los objetivos deseados. Dos años después, en 2024, Lisa presentó un nuevo sangrado, esta vez de mayor magnitud. Pero nuevamente ocurrió algo muy importante: ella ya estaba bajo vigilancia. Gracias a sus revisiones periódicas, pudimos identificar nuevamente el problema y tratarlo de manera oportuna mediante terapias con láser e inyecciones intraoculares.

Hoy, en octubre de 2026, cuando escribo este artículo, Lisa ha recibido tratamiento con láser e inyecciones en ambos ojos. Y hay algo que para mí resulta especialmente significativo: hoy conserva una excelente visión. Esto le permite continuar realizando todas las actividades que disfruta, tanto en su empresa como en sus actividades recreativas con su familia y amigos.

Lisa continúa teniendo un buen pronóstico visual y sigue acudiendo a sus revisiones de manera periódica. En ocasiones lo hace cada tres meses y, en otras, cada seis meses, dependiendo de lo que encontramos en cada valoración. Ella sabe que la constancia en sus revisiones, junto con el tratamiento oportuno, ha sido fundamental para cuidar su visión.

Su historia es un ejemplo de algo que quiero que todos nuestros lectores recuerden: tener diabetes no significa necesariamente perder la visión.

No todas las historias tienen el mismo final

Pero tampoco puedo dejar pasar la oportunidad de contarles que no todos los casos son tan afortunados y positivos como el de Lisa. En ocasiones recibimos personas que llevan muchos años viviendo con diabetes y que, por diferentes circunstancias, no han tenido acceso adecuado a los servicios de salud. Esto puede retrasar el diagnóstico y el tratamiento de las complicaciones oculares.

Cuando esto sucede, algunas personas llegan a nosotros con un daño ocular avanzado en el que nuestras posibilidades de recuperar la visión son limitadas. En ocasiones podemos detener o controlar el avance de la enfermedad; en otras, solamente podemos intentar rescatar una parte de la visión que ya se ha perdido.

Estos casos son especialmente difíciles para quienes trabajamos en el cuidado de la salud visual, porque muchas de estas complicaciones podrían haberse detectado y tratado mucho antes.

El gran enemigo: el diagnóstico tardío

La retinopatía diabética puede avanzar durante mucho tiempo sin que la persona se dé cuenta. Esta es precisamente una de sus características más peligrosas. Una persona puede tener cambios importantes dentro del ojo y continuar viendo aparentemente bien.

Por eso, uno de los mensajes adicionales que quiero que nuestros lectores se lleven es este: no tener síntomas no significa que los ojos estén sanos.

Una gran proporción de las personas con retinopatía diabética puede no presentar síntomas en las etapas iniciales. Precisamente por eso son tan importantes las revisiones periódicas: permiten detectar cambios que todavía no han afectado significativamente la visión y actuar antes de que el daño sea irreversible.

Hoy contamos con tratamientos muy efectivos para muchas de las complicaciones oculares relacionadas con la diabetes, incluyendo la retinopatía diabética, el edema macular diabético y otras enfermedades que pueden afectar la visión.

Por eso, muchas veces el verdadero enemigo no es solamente la enfermedad. El verdadero enemigo es no saber que la enfermedad está ahí y tener un diagnóstico tardío. Y cuando finalmente aparecen los síntomas, puede ser demasiado tarde para recuperar completamente la visión.

Tres mensajes para cuidar nuestra visión

Si tuviera que resumir todo este artículo en tres recomendaciones para nuestros lectores, serían las siguientes:

  1. Revise sus ojos periódicamente: Si vive con diabetes, no espere a tener síntomas para acudir a revisión. La periodicidad debe determinarse de acuerdo con el estado de sus ojos y las recomendaciones de su oftalmólogo.
  2. Mantenga un adecuado control metabólico: No se trata solamente de controlar la glucosa. También debemos cuidar la presión arterial, el colesterol, los triglicéridos, la alimentación, la actividad física y seguir adecuadamente el tratamiento indicado por nuestro equipo médico.
  3. Acuda a valoración si presenta cambios en su visión: Si nota visión borrosa, manchas nuevas, sombras, luces, pérdida de alguna parte del campo visual o cualquier otro cambio repentino en su visión, no espere a que desaparezca por sí solo. Busque atención médica de manera oportuna.

Porque hoy tenemos algo que hace algunos años no teníamos: herramientas para detectar, tratamientos para controlar y, sobre todo, la posibilidad de prevenir una gran parte de la pérdida visual relacionada con la diabetes.

Por eso, si usted vive con diabetes, cuide sus ojos. Y si alguien que usted quiere vive con diabetes (casi todo el mundo tiene un conocido con diabetes), recuérdele que también debe hacerlo.

Perfil Profesional y Contacto

6 comentarios en “Cuando la diabetes te nubla la vista. Retinopatía diabética | David Rivera de la Parra”

  1. Yo soy paciente ahí. De verdad, no les miento fui a todos lados y cuando llegue a consulta con ellos ¡ME CAMBIO LA VIDA!

  2. Híjole, leí lo de don Javier y se me hizo un nudo en la garganta A mi tío le pasó igualito, era taxista y de la nada empezó a ver borroso o con manchas. Para cuando lo llevamos al IMSS ya tenía la retinopatía super avanzada y le tuvieron que dar pensión por invalidez. Cuidense mucho sus ojos de verdad!!

  3. alejandro_villa

    ¡Qué buenísimo artículo! ✨ Súper bien explicado y súper necesario en un país como México donde el azúcar es el pan de cada día. Felicidades a El Revistazo y al Dr. por hablar de esto con tanta claridad, nos quitan la venda de los ojos. Lo voy a compartir ahorita mismo con toda mi familia en el grupo de whats.

  4. Me impresionó la claridad y organización del artículo. David tiene un talento especial para explicar conceptos complejos de manera sencilla.

  5. Carlos Sánchez

    Siempre tuve dudas sobre este tema, pero el artículo lo explica de manera tan clara que finalmente logré comprenderlo. ¡Excelente trabajo!

  6. Muchas gracias, David. Este artículo me ayudó a entender mejor mi tratamiento y me siento más segura al seguir las recomendaciones.

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