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Cuando la leche no es tu mejor aliada

María, una lectora de Guadalajara, nos escribió a la redacción en el revistazo preocupada. Su bebé de 4 meses había comenzado a tener erupciones en la piel que no mejoraban con ninguna crema, y problemas digestivos como reflujo, cólicos y evacuaciones con sangre. «Al principio pensé que era algo pasajero», nos compartió, «pero ahora no sé si es alergia o intolerancia, y no quiero seguir
dándole algo que le haga daño». Su inquietud no es única. En México, cada vez más personas se enfrentan a la duda de si su cuerpo está reaccionando a la proteína de la leche de vaca, pero pocos saben cómo distinguir entre una alergia y una intolerancia.

La leche, ya sea materna o fórmula, es el alimento primordial en los primeros 6 meses de vida y posteriormente también forma parte de la dieta mexicana. Desde el vaso de leche que acompaña el desayuno hasta los derivados lácteos que se pueden usar en diferentes preparaciones, está presente en nuestra vida diaria. Sin embargo, para algunas personas, este
producto puede convertirse en un enemigo silencioso. La Alergia a la Proteína de la Leche de Vaca (APLV) y la intolerancia a la lactosa son dos condiciones diferentes, pero ambas pueden generar malestar y confusión. Es importante entenderlas para poder actuar a tiempo y evitar complicaciones.

En México, se estima que entre el 2% y el 7.5% de los niños menores de tres años padece APLV, mientras que la intolerancia a la lactosa afecta a cerca del 50% de la población adulta, y en pacientes pediátricos no conocemos su incidencia real. Estas cifras nos hablan de un problema real que requiere atención. Pero, ¿cómo saber si lo que tienes es una alergia o una
intolerancia? ¿Qué señales debes buscar? Y, sobre todo, ¿cómo afecta esto tu vida diaria? Aquí te lo explicamos.

¿Qué causa la alergia y la intolerancia?

La Alergia a las Proteínas de la Leche de Vaca es una respuesta del sistema inmunológico. Cuando alguien con APLV consume leche, derivados o alimentos contaminados con proteínas de la leche de vaca, su cuerpo identifica las proteínas como una amenaza y desencadena una reacción inmunológica. Esto puede manifestarse con síntomas principalmente en 3 órganos (gastrointestinal, dermatológico y respiratorio), como erupciones cutáneas, dificultad para respirar, reflujos de difícil control, evacuaciones con sangre o incluso anafilaxia en casos severos.

Por otro lado, la intolerancia a la lactosa ocurre cuando el cuerpo no produce suficiente lactasa, la enzima que descompone la lactosa (el azúcar de la leche). Esto provoca síntomas digestivos como gases, diarrea y dolor abdominal, que usualmente ocurren minutos posteriores a su ingesta, a diferencia de la APLV, en la cual las reacciones pueden ser de horas a semanas
posteriores a la ingesta.

Según datos recientes, la APLV es más común en niños pequeños (en la gran mayoría abajo de 1 año de edad), mientras que la intolerancia a la lactosa tiende a desarrollarse en la adolescencia o adultez (usualmente por una disminución del porcentaje de actividad de la lactasa a partir de los 18 años). Aunque también puede haber intolerancia a la lactosa en niños pequeños, esta es transitoria y secundaria; casi siempre secundaria a infecciones gastrointestinales. Sin embargo, ambas condiciones pueden coexistir en una misma persona, lo que complica el diagnóstico. En México, el desconocimiento sobre estas diferencias lleva a muchas personas a automedicarse, eliminar productos lácteos o iniciar dietas restrictivas sin una guía médica adecuada, lo que puede derivar en deficiencias nutricionales.

El impacto de estas condiciones va más allá de los síntomas. Para los padres, ver a sus hijos sufrir al ingerir su alimento, ya sea leche materna o fórmula, puede ser desesperante. Y para los adolescentes y adultos, lidiar con síntomas digestivos constantes puede afectar su calidad de vida. Por eso, es crucial entender las causas y buscar ayuda profesional cuando sea
necesario.

Mitos y realidades sobre la leche

Uno de los mitos más comunes es que la alergia a las proteínas de la leche y la intolerancia a la lactosa son lo mismo. Esto no es cierto. Mientras que la alergia involucra al sistema inmunológico, la intolerancia es un problema digestivo donde la lactosa no puede digerirse al 100%. Otro mito es que dejar de consumir lácteos es la solución para todos. En realidad, esto
puede generar deficiencias de calcio y vitamina D, especialmente en niños en crecimiento. Por eso, es importante buscar alternativas adecuadas y supervisadas por un especialista.

La vida de las personas con estas condiciones puede ser un desafío. En México, donde los lácteos están tan presentes, evitar la leche y sus derivados no es tarea fácil. Sin embargo, hoy existen más opciones que nunca, desde fórmulas especializadas donde las proteínas de la leche de vaca ya han sido digeridas, o fórmulas a base de arroz que también son una opción para los lactantes, hasta productos sin lactosa para los adolescentes o adultos. Lo importante es aprender a leer etiquetas y estar atentos a los ingredientes ocultos, como la caseína o el suero de leche, entre otros, que pueden estar presentes en alimentos procesados.

Finalmente, es esencial entender que estas condiciones no son una sentencia de por vida. Muchos niños superan la APLV con el tiempo, y la intolerancia a la lactosa puede manejarse con ajustes en la dieta. Lo importante es no subestimar los síntomas y buscar orientación médica para tomar decisiones informadas.

Dr. Jaime Ernesto Alfaro Bolaños

Especialista en Pediatría, Gastroenterología y Nutrición Pediátrica.

Usualmente, la Alergia a las Proteínas de la Leche de Vaca (APLV) puede ocurrir con afectación de 3 órganos: gastrointestinal (reflujo, cólicos, proctocolitis hemorrágica —evacuaciones con sangre—), dermatológico (rash o urticaria) y respiratorio (sibilancias, dificultad para respirar). En esta afección hay participación del sistema inmune, el cual «piensa»
que las proteínas de la leche de vaca son algo malo y genera anticuerpos que atacan a dichas proteínas, afectando a los órganos ya mencionados.

Por otro lado, la intolerancia a la lactosa solo tiene afección gastrointestinal y esta ocurre de minutos a horas posteriores a su ingesta. Los síntomas son variables según la cantidad de lactosa ingerida, pero acá no hay participación del sistema inmune. Lo que sucede es que la lactasa, que es la enzima que digiere la lactosa, ha dejado de funcionar al 100%, por lo que la lactosa pasa íntegra al colon. Allí, las bacterias producen un exceso de gases y otros síntomas como distensión, dolor abdominal, náuseas, vómitos y diarrea.

En el paciente pediátrico, la intolerancia a la lactosa en la mayoría de los casos es secundaria a procesos infecciosos a nivel gastrointestinal y es transitoria, ya que se afecta la actividad de dicha enzima. En la adolescencia o etapa adulta puede haber, a partir de los 18 años, una reducción gradual de esta enzima conforme pasan los años, lo que lleva a datos de intolerancia.

Algo de suma importancia es que, en el caso de la intolerancia a la lactosa, como se mencionó, es secundaria. No debemos dejar a nuestros hijos por meses o años con leche baja en lactosa, ya que este es un azúcar importante en su crecimiento y ayuda a la absorción de calcio, fósforo, zinc, etc., para una buena salud ósea. Además, es considerado un laxante
natural y tiene funciones prebióticas que benefician a la microbiota intestinal.

Para el diagnóstico de APLV actualmente usamos una herramienta llamada CoMiSS (Cow’s Milk-related Symptom Score). Esta es una herramienta sencilla, rápida y fácil de usar para la detección de probables síntomas relacionados con la leche de vaca. Permite identificar con mayor certeza los síntomas más frecuentes de la APLV; a cada síntoma se le asigna un
puntaje, de manera que una puntuación total mayor o igual a 10 puede indicar síntomas relacionados con la leche de vaca y podría tratarse de APLV.

Finalmente, el diagnóstico de oro (gold standard) es por medio de una prueba de eliminación y reto, en la cual, si mi paciente tuvo un puntaje de 10 o más, indico iniciar una dieta de restricción por 2 a 3 semanas y observar el comportamiento de sus síntomas. Posteriormente, se reintroducen los alimentos con proteínas de la leche de vaca y se observan los resultados.

A manera de anécdota, muchas mamás llegan preocupadas y con dietas de restricción muy estrictas donde han dejado muchos alimentos porque les han comentado que la presencia de moco en las heces o un examen de heces con «azúcares reductores positivo» es igual a APLV. Esto es totalmente falso, ya que no hay evidencia científica actual que apoye este
diagnóstico.

Acá radica la importancia de siempre buscar especialistas expertos en el tema para evitar problemas de malnutrición en las madres que lactan o en los bebés, así como dietas restrictivas innecesarias en la mayoría de los casos.

Perfil Profesional del Autor

● Nombre: Dr. Jaime Ernesto Alfaro Bolaños
● Cédula Profesional: 12025212
● Contacto: 55 1910 9948
● Correo Electrónico: je.gastropedia@gmail.com
● Instagram: @drjaime.gastropedia

4 comentarios en “Cuando la leche no es tu mejor aliada”

  1. Nutri_Karen_Gza

    Excelente aportación del Dr. Jaime. Como nutrióloga me toca ver muy seguido en consulta a mamis mal informadas eliminando lácteos por completo y comprometiendo el aporte de calcio y zinc en los peques. La herramienta CoMiSS es clave para no hacer restricciones a ciegas.

  2. Bastante claro el contenido. Una duda técnica respecto a la prueba de reto: ¿después de las 2 o 3 semanas de dieta de restricción, la reintroducción de la proteína se realiza gradualmente en consultorio o en casa si no hubo antecedente de anafilaxia? Buen aporte.

  3. Mariana_Valdez91

    ¡Uff, qué temazo! ✨ Muchísimas gracias al Dr. por aclararlo tan bien. La verdad en internet uno lee mil cosas y solo se predispone. ¡Súper completo este artículo chavos!

  4. Hola doctor, ¿cuánto cuesta la consulta presencial con usted y en qué clínica atiende? Mi bebé de 5 meses trae un reflujo muy feo y me interesa agendar para que lo valore.

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