Tabla de contenidos
La angustia en la infancia ¿Por qué los consejos no alcanzan?
Artículo escrito por la Mtra. Ana Patricia González Rodríguez, especialista en dolor profundo infantil para el revistazo
Cuando un niño se angustia, el mundo adulto suele entrar en cortocircuito. Ver a un hijo llorar desconsoladamente, aferrarse a nosotros con desesperación o quejarse de dolores físicos que los médicos no logran explicar, nos genera una urgencia por «solucionar». Ante esto, la reacción instintiva es el consejo: «no tengas miedo», «piensa en otra cosa», «no es para tanto».
Sin embargo, desde mi mirada como psicoanalista, debo decirles algo fundamental: lejos de calmar, estas frases suelen dejar al niño aún más solo con su malestar. La angustia en la infancia no es un problema que deba eliminarse con rapidez, sino un mensaje cifrado: algo del mundo interno del niño aún no encuentra palabras ni sentido para ser tramitado.
¿Qué es la angustia desde el psicoanálisis?
Para nosotros, la angustia no es simplemente miedo. El miedo tiene un objeto (miedo a la oscuridad, a un perro); la angustia, en cambio, es una señal que aparece cuando el niño se enfrenta a algo que no logra comprender, simbolizar o anticipar.
En la infancia, el aparato psíquico está en plena construcción. Muchas experiencias —una separación, un cambio de rutina, un deseo confuso— resultan excesivas. La angustia surge cuando el niño se siente desbordado por lo que llamamos «la falta» o la incertidumbre; es ese vacío que aún no puede ser nombrado.
El cortocircuito del consejo: ¿Por qué la razón no calma?
Los consejos parten de una lógica adulta que supone que el niño puede regularse a través de la razón. Esto falla por tres razones psicoanalíticas clave:
- La angustia es previa al pensamiento: No se calma con explicaciones porque el niño aún no dispone de las palabras suficientes para nombrar su caos interno.
- El consejo se vive como rechazo: Cuando decimos «no es nada», el niño escucha que su sentir no importa o está mal.
- El desplazamiento: La angustia que no se aloja no desaparece; se intensifica o se desplaza al cuerpo, convirtiéndose en dolores recurrentes o conductas regresivas.
Las metáforas del cuerpo: Cómo se manifiesta la angustia
La angustia infantil rara vez es un relato claro. Se expresa, más bien, de manera indirecta y somática:
- Dificultades persistentes para separarse de los cuidadores.
- Dolores físicos recurrentes (especialmente de panza o cabeza).
- Alteraciones marcadas en el sueño o miedos nocturnos intensos.
- Irritabilidad, silencios prolongados o estallidos de enojo sin causa aparente.
El rol del adulto: Prestar el psiquismo para sostener
Desde el psicoanálisis, nuestro rol como padres no es «corregir» la angustia, sino ofrecer nuestro propio psiquismo para que el niño pueda atravesarla. Esto implica:
- Poner palabras donde hay silencio: «Parece que algo te asustó mucho, estoy aquí contigo».
- Tolerar el no entender: No necesitamos saber exactamente qué pasa para validar que el niño sufre.
- Presencia antes que soluciones: El contacto físico y la voz suelen ser más potentes que cualquier receta rápida.
Mapa del acompañamiento según la edad
- 0 a 3 años: La angustia es puramente corporal. Ayuda el contacto piel a piel, las rutinas predecibles y una voz suave que nombre lo que ocurre.
- 3 a 6 años: La imaginación domina. No ridiculice sus miedos fantásticos; use el juego y el dibujo para que esa angustia tome una forma que se pueda mirar.
- 6 a 12 años: Empiezan a aparecer el lenguaje y el pensamiento complejo. Escuche antes de aconsejar y acepte que el niño puede sentir cosas contradictorias.
- Adolescencia temprana: La angustia reaparece ante el cambio de identidad. Respetar sus silencios sin retirarse afectivamente es la clave.
Aportaciones de el revistazo: En el revistazo entendemos que la angustia infantil es una oportunidad para fortalecer el vínculo. Acompañar no significa reforzar el miedo, sino permitir que esa emoción se transforme en algo pensable y, con el tiempo, simbolizable.
Acompañar la angustia es ayudar a tu hijo a construir su mundo interno, paso a paso, sin desmentir lo que siente. Recuerda que el primer paso para sanar es permitir que la emoción tenga un lugar donde ser escuchada.¿Te ha pasado que sientes que tus consejos no logran calmar a tu hijo? Cuéntanos en los comentarios cómo manejas esos momentos de angustia.












