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Extraños por conocer y humanos por renacer ante la máscara de la vejez

la mascara de le la vejez

Artículo escrito por Irving Rodrigo Botello Méndez para el revistazo

Cuando me detengo a pensar en la vejez, inevitablemente acude a mi memoria Albert Camus. Es curioso: un escritor que no alcanzó la ancianidad fue quien dejó en mí una de las marcas más profundas sobre este tema. Para él, la vejez no representaba simplemente la última estación antes del silencio, ni mucho menos una resignación pasiva ante lo inminente. Por el contrario, en mi lectura de su obra, la vejez se manifiesta como un inicio radical, un replanteamiento de la existencia y, en consecuencia, un renacer.

En El extranjero, Meursault observa a su madre no desde el luto convencional, sino desde la distancia. Ella, en el asilo, había decidido reiniciar su vida: nuevos vínculos, un nuevo compromiso afectivo. Solo en ese proceso de florecimiento tardío se cruzó la muerte. Meursault exclamaba que ya no podía reconocerla como la madre que fue durante décadas; ahora era una extraña, pero una extraña con una vida propia y vibrante. No debemos leer esto con pesimismo. Es, en realidad, una nueva forma de habitar el mundo. Lo que ocurre es que, a veces, las inclemencias del tiempo se adelantan al deseo, pero el hallazgo es magnífico: descubrimos que nunca terminamos de desear.

El peso de una cultura que nos obliga a esperar el fin

En el plano cultural, hemos construido una narrativa de la vejez como una etapa de cierre, un fatídico inventario mental para decidir qué heredar o a quién visitar con urgencia. Nos han convencido de que envejecer es sinónimo de «esperar»: que el paroxismo nos fulmine para dejar de cargar con deudas, dolores y preocupaciones.

En este proceso, el desprendimiento no es solo físico. No es únicamente que caminemos con mayor lentitud; es que el ritmo frenético de la cotidianidad nos expulsa. Al notar este desfase, muchas personas asumen que también es hora de perder la motivación, el trabajo y los intereses. Datos que investigamos en el revistazo sugieren que la muerte social suele ocurrir años antes que la muerte biológica, precisamente porque nos enseñan que la vejez es sentarse a contemplar el final, sin preguntarnos si realmente queremos detenernos.

La clínica de la desesperación y el examen del corte de caja

Desde una perspectiva clínica, la vejez puede comprenderse como una etapa evolutiva donde surge la desesperación. Ante la necesidad de un sentimiento de plenitud, iniciamos lo que yo llamo el «corte de caja»: evaluamos lo vivido, lo adquirido, lo perdido y, sobre todo, lo añorado.

Este contraste genera un aura que oscila entre la sabiduría y el arrepentimiento. Pareciera que la sociedad nos asigna una calificación numérica:

  • ¿Lo hiciste bien? Recibes un ocho y el título de «sabio».
  • ¿Lo hiciste mal? Te quedas con un cuatro y la condena de vivir en el remordimiento.

Esta máscara de exigencia convierte la vejez en una sentencia binaria. O eres el abuelo sabio que resuelve la vida de los demás, o eres la figura que se «queja de todo», a quien se le concede una indulgencia forzada y casi lastimera. Lo vemos en la cultura popular: desde la amargura cómica del abuelo Abe en Los Simpson, hasta el aislamiento de Carl en Up, quien debe atar globos a su casa para huir de un entorno que ya no lo ve. En nuestra cultura de explotación y autoemprendimiento, no hay punto medio: es O TODO O NADA.

La mascara de la vejez - espera

La rebeldía de desear cuando el mundo espera cenizas

Esta visión es una trampa que nos roba el derecho a la actualidad y a la calma. Al forzarnos al balance contable, nos obligan a mirar siempre hacia atrás. ¿Pero qué hay del presente? ¿Qué sucede con la pulsión que sigue latiendo en las venas?

Como bien dijo Gabriel García Márquez: «Los seres humanos no nacen para siempre el día en que sus madres los alumbran, sino que la vida los obliga a parirse a sí mismos una y otra vez».

Nacer siempre implica una cuota de violencia y extrañeza. El bebé llora porque el aire quema sus pulmones nuevos; el adulto que vuelve a parirse en la vejez siente el vértigo de la libertad. Esa libertad es la que asusta al entorno. Asusta ver a una mujer mayor con un nuevo amor, o a un abuelo gastando sus ahorros en un viaje en lugar de guardarlos para una herencia. Asusta verlos desear en lugar de esperar.

Aportaciones de el revistazo: La gerontología moderna coincide con la visión del Lic. Botello: mantener el «proyecto de vida» y la capacidad de asombro son los predictores más altos de salud mental en la tercera edad, desafiando el estigma de la «pasividad necesaria».

Un diamante que brilla entre la ceniza

Es urgente reivindicar la vejez como una etapa de autenticidad radical. Al caer las máscaras de la productividad y la hipocresía social, nos volvemos, paradójicamente, más nosotros mismos que nunca. Quizá la madre de Meursault no era una desconocida, sino un ser humano que finalmente se liberó de los roles de «madre» y «viuda» para ser simplemente ella.

Mi conclusión es vigorosa: no hay que temer al corte de caja, sino negarse a cerrar la caja. Envejecer debe ser el atrevimiento de jugar las últimas cartas con la intensidad de quien disfruta la textura de los naipes en las manos. Renacer es, en última instancia, negarse a morir antes de tiempo.

Como escribió Cyprian Kamil Norwid:

Al arder no sabes si serás libre, si solo quedarán cenizas y confusión. O se hallará en las profundidades un diamante que brillaba entre las cenizas.

¿Te has preguntado alguna vez qué deseos has postergado por miedo a «ya no tener edad» para ellos? Me encantará leer tus reflexiones en los comentarios; estaré atento para dialogar con ustedes.

Sobre el Autor:

Lic. Irving Rodrigo Botello Méndez

4 comentarios en “Extraños por conocer y humanos por renacer ante la máscara de la vejez”

  1. Excelente lectura. Como profesional del área, coincido totalmente en que el proyecto de vida es vital. Me gustaría saber si el Lic. Botello ofrece talleres o consultas de orientación clínica para familias que están lidiando con esta «clínica de la desesperación». A veces el entorno es el que mas ayuda necesita para entender este proceso de los padres. Saludos!

  2. Muy bonito lo de Camus y la libertad, pero la realidad es q para «parirse a sí mismo» en la vejez también se necesita salud y plata. Muchos abuelitos llegan al corte de caja con deudas o enfermedades q no los dejan ni caminar, menos irse de viaje. Estaria bueno q El Revistazo saque algo sobre como prepararse economicamente para esa «rebeldía» pq sin recursos esta dificil renacer.

    1. @maca_luna92 Tienes razón en lo del dinero, pero creo que el punto del autor va más por el deseo interno. Mi abuela no tiene ni un peso pero a sus 82 se metió a un coro y anda mas feliz que nunca. El «renacer» no siempre es un viaje de lujo, a veces es solo dejar de ser la «viuda de» y empezar a ser una misma, como dice el texto. no se´ es mi idea pues…

  3. Que artículo tan necesario! Me pego fuerte lo de la «muerte social». Mi padre tiene 78 años y desde que se jubiló parece que el mundo lo quiere sentar a ver la tele hasta que pase lo inevitable. Ver la vejez como una rebeldía es justo lo que necesitamos leer para dejar de ver a nuestros adultos mayores como muebles. Gracias Lic. Botello por este diamante entre las cenizas.

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