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Vaciar tu casa
vaciar tu casa

Cruzar el umbral de tu casa, dejar el bolso en el suelo, deshacerte de los zapatos… y poco a poco sentirte cobijado de las asperezas del mundo. Si nuestra casa es ante todo un refugio que nos protege, también es un lugar que se nos asemeja. “Constituye, después del vestido, nuestra tercera piel y nuestra identidad”, resume Dominique Loreau, que vive en Japón desde hace más de treinta años y comparte a través de sus libros de desarrollo personal su visión de un cierto arte de vivir. Nuestro acertadamente llamado “interior” refleja lo que somos, queremos ser o parecemos ser. Por eso hay que amar estar en casa. “Si una vez de vuelta solo pensamos en salir es porque hay un problema, que nuestro lugar de vida nos devuelve algo que nos molesta”, analiza Laurence Dujardin, coach en bienestar y consultora de feng shui, autora de cuaderno perezoso de feng shui (Marabuto, 2011). “Nuestra casa es el testigo silencioso de nuestras valoraciones, de nuestras alegrías personales, pero también de nuestros sufrimientos íntimos. Ella sabe todo sobre nuestras peleas, nuestras decepciones. Y es decepcionante si lo hubiésemos imaginado como el lugar donde sanarían todas las heridas”, escribe el psiquiatra y psicoanalista Alberto Eiguer en Tu hogar te revela. Así, “recargar las pilas en casa a veces es más complicado que ir al otro lado del mundo”, apunta Laurence Dujardin.

La caza de los enemigos Qi

Sin embargo, ciertos arreglos pueden contribuir a transformar nuestra casa en un lugar más tranquilo. El feng shui, un arte ancestral chino, postula que la curación proviene de una buena circulación de la energía vital, la qi, en nuestro entorno. “No hemos podido probar la existencia de esta corriente débil que proviene de las entrañas de la tierra, pero la medicina china, en particular la acupuntura, interviene sobre esta energía que también atraviesa nuestro cuerpo”, especifica Hélène Weber, maestra de feng shui. coautor de Feng Shui, preguntas y respuestas (Guy Tredaniel, 2001). “Al trabajar en la casa, permitimos que sus ocupantes estén en armonía con ella y consigo mismos”, dice Laurence Dujardin. Unos consejos para sentirse mejor en casa: eliminar los obstáculos que dificultan la circulación de la energía despejando las “bocas” de la casa (puertas y ventanas) y creando un vacío en los salones. Priorizar la luz natural, gran proveedora de qi. Restaurar “atmósferas nostálgicas” cargadas de baratijas y muebles heredados, que pueden traer recuerdos dolorosos. Como cuadros de colores tristes o escenas agresivas, impregnan y condicionan los lugares con su particular energía. Evite las cortinas a rayas (barras simbólicas), que obstruyen el qi, vino de fuera. Almacene objetos afilados o puntiagudos, deje cactus, que generan vibraciones agresivas, en el exterior y alrededor de las esquinas de mesas y manijas. Deseche las flores marchitas, los platos astillados o los procesadores de alimentos rotos, que bloquean la energía vital. Finalmente, apague los aparatos eléctricos, cuyas ondas interrumpan la circulación del qi.

Espacio y ligereza

Para Dominique Loreau, la suciedad y el desorden cansan y perturban la mente: “Guarda tus cosas, esconderás la cabeza. ¡Con ella, lo que parece ser una tarea se vuelve tan fascinante como un viaje iniciático a la India! “Un lugar limpio fomenta pensamientos claros”, explica. Y nos salva en paz, energía y tiempo. “La mente necesita espacio, calma y voluptuosidad”, insiste. Porque, si ordenar requiere esfuerzo, te permite vivir con ligereza, despreocupación y pereza. Una pereza exquisita, que da la oportunidad de “recargar las pilas”. Es entonces cuando, con un espíritu libre, se experimenta una gran plenitud.

Un kimono para sentirte diferente

Pero a veces limpiar y ordenar no es suficiente. “Una persona muy estresada puede estar en un ambiente zen, no cambiará nada”, señala Carole Simonelli, terapeuta osteo-tailandesa y profesora de yoga. Para calmarse, aconseja vaciarse… primero.

Una vez liberada la energía y eliminado el desorden, sólo queda crear una atmósfera envolvente. Deleitando nuestros sentidos: dándonos un baño perfumado, degustando un buen vino, escuchando el sonido de los violines de una sinfonía, oliendo los olores que se escapan de la cocina… “Siempre traigo especias o tés de los países que visito. , dice Roberto. Una vez de vuelta, olerlas en la cocina o saborearlas me lleva a otra parte. Ponerse una chilaba, un kimono es también “una forma de sentirse diferente”, asegura Dominique Loreau; encender una varilla de incienso “agranda una habitación, según los japoneses”.  Porque escapar, ¿no es también poder desprenderse de lo que nos rodea y dar rienda suelta a nuestra imaginación?

Comentarios de otros artículos

  1. Yo tengo un problema, mis hijos no se quieren venir conmigo pero son chiquitos y mi marido los compra con…

  2. Doctor usted me puede curar una hemorroide externa???? No puedo con el dolor, vivo en canal nacional.

  3. Ya lo sigo en Tiktok. Esta usted muy guapo Licenciado. Gracias por compartirnos su talento. 🥰

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