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Número oculto – Jot Down Revista Cultural
Número oculto

 

Número oculto
Una noche en la ópera, 1935. Fotografía: Getty.

«Número oculto», ponía. Yo las llamadas con número oculto no las cojo, pero de esto hace ya unos cuantos años, y en aquella época estaba enviando currículos, así que lo tuve que coger. «¿Diga?». «Hola, Rubén», me dice. Sin presentarse ni nada. Y sin preguntar. No dijo: «¿Rubén?», no. Dijo: «Rubén», punto. ¿Sabes cuando Morfeo llamaba a Neo a su oficina o a su casa en plan misterioso, en plan «yo te conozco a ti, pero tú a mí no»? Pues así. «Hola, Rubén», me dice. Era una mujer. Yo, a todo esto, en plena calle, lloviendo a mares, con la mochila, los auriculares, el paraguas, los apuntes de la carrera, la carpeta de los currículos, el móvil… Era yo talmente Pepe Viyuela. Y le digo: «¿Con quién hablo?». Y me dice: «Ah, sí, disculpa. Soy Mar de Marchis». «Mar de Marchis». Así, sin más. Como quien tiene un nombre superconocido y se le olvida presentarse porque, total, para qué, si no necesita presentación. En plan «hola, soy Fabiola de Bélgica». «Ah», dije. Y me dice: «Primero de todo quiero felicitarte por tu blog, soy una seguidora desde hace tiempo y me parece de los mejores blogs de España». Y le digo: «Ah». Mi blog, ya ves tú. Era 2011; había más blogs que personas. «Pues gracias». Y me dice: «No sabes lo que me río, es que se me caen unos lagrimones…». Todo seria, ¿eh? Que no me dirás que no es raro de cojones llamar a alguien que no conoces y decirle superseria: «Me río mucho contigo, se me saltan las lágrimas de la risa». Le digo: «Ah, gracias». Y me dice: «Pero no te llamo por eso». Y le digo: «Ah». Y me dice: «Bueno, en parte sí, pero solo en parte». Y le digo: «Ah». Y me dice: «Es que tengo una revista y me gustaría que formases parte de ella». Y le digo: «Ah». Y me dice: «Me gustaría que hicieses lo mismo que haces en tu blog, pero que lo hicieras para mí». «Para mí», dijo. No «para mi empresa» ni «para esta compañía», no. «Para mí». ¿Sabes Bill, el de matar a billcuando llamaba a daryl hannah con la katana en la mano, que no se le veía la cara? Pues así, en plan mafioso. «Tienes mucho talento y es una lástima que no se vea», dice. Y yo pensé: pues tú lo has visto. Y dije: «Pues usted lo ha visto». Y me dice: «Bueno, ya, pero yo es que me dedico al talento». Y le digo: «¿A qué?». Y me dice: «Al talento». Y le digo: «¿A qué?». Y me dice: «Al talento». Y le digo: «Eso no sé qué es». Y me dice: «A la búsqueda de talento». Y le digo: «Ah». Y pienso: «caza de talentos». Y me dice: «Y por eso he dado contigo. Tú tienes mucho talento escribiendo». Y ahí me digo yo: pero esta señora qué quiere que escriba. Si yo no escribo. Soy diseñata. Diseñata de mierda. Diseñata de mierda en paro. Y le digo: «¿Se refiere a escribir profesionalmente?». Y me dice: «Sí, pero no me trates de usted, por Dios, que me resulta muy raro, que te leo desde hace mucho y tengo la sensación de que ya somos amigos». «Que ya somos amigos», me dijo. Yo te juro que miré a un lado y al otro, como en las películas. Digo: esta señora me está viendo desde algún edificio o algo, ahora me sale un puntero láser en la frente, verás tú. Y le digo: «Ah, bueno, gracias, pero, escucha, es que yo no soy periodista». Y me dice: «Eso es lo de menos, en esta revista nadie es periodista». Y le digo: «Ah». Porque, vamos a ver: una revista en la que nadie es periodista, cómo se come eso. Yo es que no sabía ni qué decir. Y le digo: «Ah, bueno, ¿y de qué puesto se trataría?». Y me dice: «Bueno, puesto, puesto… No estamos hablando de un puesto, estamos hablando de escribir». Y yo pensé: ¿qué hago? ¿Le cuelgo? Porque, mira, yo estaba entonces sin trabajo, acababa de salir de la productora, la crisis, ya sabes: 2011, qué año más bueno. Lo que me faltaba a mí, vamos, ponerme a trabajar gratis. Oye, que me leyó el pensamiento, la tía. Vamos, no me lo leyó, pero lo pareció. Me dice: «Eso sí, todos los ingresos que genere esa columna son para ti, claro». Y le digo: «Ah». Y le digo: «Bueno, ¿y qué revista es?». Por leerla, ¿sabes? Por echarle un ojo. Y me dice: «Bueno, es que no existe». Recapitulamos: me llama una mujer que no conozco para decirme que escriba en su revista sin periodistas que además no existe. Ya ahí pensé: es una broma. Y le digo: «¿Es una broma?». Y la tía se parte el culo de risa en mi cara. Bueno, en mi cara no, pero ya me entiendes. Que se pegó una jartera de reír a mi costa. Y ya me dice al final: «Ay, perdona, es que eres muy gracioso». Yo muerto de frío, enfadado como una mona y con el agua que me subía ya por la pernera del pantalón hasta las rodillas. Y le digo: «Bueno, mira, creo que no tenemos más que hablar, te agradezco tu llamada». Como diciendo: a pastar. Y me dice: «Espera, espera». Y le digo: «Qué». Y me dice: «A ver, discúlpame, me he explicado mal. Es que la revista la estamos montando ahora, no ha sido publicada todavía. Nuestro objetivo es tener el primer número impreso en la calle en menos de seis meses». Y le digo: «Bueno, pues dime la dirección de vuestra web y echo un vistazo». Y me dice: «Es que tampoco tenemos web todavía». Yo no sabía ya ni qué decir. Le digo: «Bueno, mira, Fabiola, digo, Mar. Mar, ¿verdad?». Me dice: «Sí». Le digo: «Mira, Mar, comprende que es muy precipitado, lo mejor es que nos veamos y nos ponemos cara y me lo explicas mejor». Y me dice: «Ahora mismo no puede ser». Y ahí noté yo algo, ¿sabes? Algo raro. Ahí, como que perdió un poco de confianza. ¿Sabes Charlie, el de Los ángeles de Charlieque salía su voz por el interfono aquel y a veces hacía pausas raras y tú decías: «A Charlie le pasa algo», y luego en el mismo capítulo se descubría que lo tenían secuestrado en plan unos narcos panameños o algo así? Pues así. Y le digo: «Ah». Y me dice: «Pero sí puedo arreglar que te veas con alguien». Y yo pensé: «¿Y yo para qué quiero verme con alguien, si la que me llamas eres tú?». Y le digo: «¿Y yo para qué quiero verme con alguien, si la que me llamas eres tú?». Y me dice: «Es que estoy de viaje, estoy en el extranjero». Que yo no me lo creí, porque, tú me dirás, la gente que está en el extranjero te dice: «Estoy en Francia» o «Estoy en Italia» o «Estoy mismamente en las islas Pago Pago», pero no dice: «Estoy en el extranjero». Y le digo: «¿Y cuándo vuelves? Yo estoy en Madrid». Y me dice: «No lo sé». Y le digo: «Bueno, Mar, entonces tengo que decirte que no. Me estás pidiendo que escriba para un medio que no existe, que no puedo ver ni evaluar, y que lo haga porque me lo dice alguien que no conozco y que me llama por teléfono con número oculto». Y me dice: «Ya, no, te entiendo». Y me dice acto seguido: «¿Qué tengo que hacer para que escribas para mí?». Qué pregunta. Y le digo: «Ay, no sé, pues vernos, qué sé yo. Eso es lo primero, ¿no? Una entrevista de trabajo, algo así». Y me dice: «Eso no puede ser, te pido disculpas, pero no puede ser. Dime, ¿qué puedo hacer, aparte de eso, para convencerte?». Y le digo: «Mira, como poco, yo necesito ver la revista, ver algo, lo que sea». Y me dice: «Ya». Y le digo: «Si tengo que cruzar una puerta, necesito saber qué hay al otro lado». Y me dice: «Ya». Y le digo: «Si me pides que me lance a una piscina, tengo que ver que no está vacía». Y me dice: «Ya». Y le digo: «Y ya entonces, si me gusta lo que veo, pues hablamos». Y me dice: «Trato hecho». Así, directamente. «Trato hecho». Como en las películas. Y me dice: «Nosotros lanzamos la web y cuando la lancemos, el mismo día del estreno, te llamo, ¿te parece?». Y le digo: «Ah, vale». Y me dice: «Y si te convence, entonces te subes al carro. Quiero que formes parte del primer número impreso sí o sí». Y le digo: «Vale». Vale, por decirle algo. Por no decirle: «que me deje en paz, señora, váyase con viento fresco». Y me dice: «Quedamos así, entonces. Guarda mi número, ¿eh? Ja, ja». Y le digo: «Qué número, si me estás llamando con número oculto». Y nada, bip, bip. Ya había colgado.

Y ahí quedó la cosa. Y yo dije: pues nada, chimpún. Unos estudiantes de tercero de periodismo, los enésimos, que quieren montar una revista. Un magacín, vamos. Un magacín de mierda. Este cuento ya me lo sé yo. Y me olvidé. Y un día, como un mes después de aquello, o un mes y medio, algo así, me llega un whatsapp de un número desconocido. Era un Enlace:

www.jotdown.es

Y pincho y entro y miro y era una web. Un medio de comunicación, vamos. Una revista. Anotarse llamaba. Revista Cultural Jot Down. En inglés. En plan pomposo. Con entrevistas y artículos y, bueno, de todo. Rollo profesional, ¿sabes? En plan bien. Y digo: ¿y esto? Porque yo ni me acordaba ya de la mujer aquella ni de nada, es que ni pasárseme por la cabeza. Y digo: correo no deseado. O publicidad, suplantación de identidadesas cosas de internet, ¿sabes? Y digo: bloquear. Pero no me dio tiempo. Me suena el teléfono, número oculto, y mira, no me dio tiempo ni a decir hola. Me lo pongo en el oído y oigo la voz de aquella mujer. «Te dije que te llamaría».

Hace once años, tal día como hoy, se publicaba el primer artículo en Jot Down, el loco proyecto cultural ideado por la muy enigmática Mar de Marchis. Este texto que acabas de leer es uno con los que celebrábamos, hace justo un año, el décimo aniversario de la revista. Simultáneamente a la celebración de mantenernos diez años informando y entreteniendo a nuestros lectores sin arruinarnosMar de Marchis, nuestra directora, compañera y amiga tuvo un accidente cerebrovascular que la tiene, desde entonces, entre la vida y la muerte. Valga este texto como excusa para recordarla y darle un abrazo virtual conjunto de todos los que hacemos y leemos Jot Down y le gritemos en silencio: ¡Bola ponte bien!

Comentarios de otros artículos

  1. Yo tengo un problema, mis hijos no se quieren venir conmigo pero son chiquitos y mi marido los compra con…

  2. Doctor usted me puede curar una hemorroide externa???? No puedo con el dolor, vivo en canal nacional.

  3. Ya lo sigo en Tiktok. Esta usted muy guapo Licenciado. Gracias por compartirnos su talento. 🥰

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