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¿Depresión en la infancia? El riesgo de ignorar el silencio de los más pequeños
Artículo escrito por la Mtra. Ana Patricia González Rodríguez, especialista en dolor profundo infantil, para el revistazo
Existe una creencia falsa y profundamente arraigada que sostiene que los niños, al no tener las preocupaciones económicas o sociales de los adultos, «no tienen razones para estar deprimidos». En mi práctica clínica y en mi labor de investigación en psicología y teoría crítica, he luchado contra este mito que invisibiliza a una población infantil vulnerable. La depresión en la infancia no solo es real; es un trastorno que afecta el desarrollo neurológico, social y emocional de quienes representan nuestro futuro.
La crisis silenciosa en cifras
Aunque históricamente se ha dejado de lado a la población infantil en las estadísticas de salud mental, las investigaciones actuales revelan un problema latente de proporciones alarmantes. La Clínica Universidad de Navarra reporta que uno de cada veinte niños sufrirá depresión antes de cumplir los 19 años. Lo más preocupante es que menos de la mitad recibirá el tratamiento adecuado.

En México, la situación nos exige una atención inmediata. Según los datos de la ENSANUT e INEGI, el pensamiento suicida en menores de 10 a 19 años se incrementó del 5.1% en 2020 al 7.6% en 2022. Aquí, el sexo es un factor decisivo: las niñas y adolescentes son las más afectadas, representando el doble de casos que los varones (10.2% frente a 5.1%). Durante el pico de la pandemia por COVID-19 en 2020, registramos el punto más alto de defunciones por suicidio en menores, una herida social que aún no termina de cerrar.
¿Por qué se deprime un niño?
En mi experiencia, la depresión infantil nunca tiene una sola raíz; es un fenómeno multicausal donde interactúan la biología y el entorno:
- Factores Neurobiológicos y Genéticos: Existe una predisposición hereditaria, pero también alteraciones químicas reales. La desregulación de neurotransmisores como la serotonina (responsable del estado de ánimo) y fallas en el eje neuroendocrino (hipotálamo-hipófisis-tiroides) pueden desencadenar el trastorno independientemente de la voluntad del niño.
- Factores Psicológicos y Traumáticos: La pérdida de un ser querido, el maltrato, el abuso o cualquier experiencia negativa significativa que el psiquismo del niño no pueda procesar.
- Ambiente Familiar y Social: Un hogar con violencia, negligencia o comentarios agresivos como «eres un tonto» o «no haces nada bien», son caldos de cultivo para la depresión. A esto se suma el acoso escolar (bullying) y la falta de redes de apoyo sólidas.

El «Camuflaje» de la depresión infantil
Es un error común buscar en el niño los mismos síntomas que en un adulto. Mientras que nosotros solemos manifestar tristeza profunda, en los niños predomina la irritabilidad.
Un niño deprimido puede mostrarse malhumorado, frustrado o explosivo por situaciones que antes no le afectaban. Otro signo cardinal son los síntomas somáticos: dolores de estómago o de cabeza que no tienen una causa física médica, pero que se presentan de forma persistente. Muchas veces, estos cuadros se confunden con problemas de conducta, ansiedad o déficit de atención (TDAH), cuando en realidad son síntomas de una depresión subyacente.
Señales de alerta
Del síntoma a la acción
Como padres y educadores, debemos prestar atención a los cambios que duran semanas o meses:
- Pérdida de interés (Anhedonia): El niño deja de jugar a lo que antes le apasionaba o evita actividades escolares.
- Alteraciones en el apetito y sueño: Comer en exceso o perder el interés por la comida; dormir demasiado o sufrir de insomnio y pesadillas frecuentes.
- Baja autoestima y culpa: Pensamientos negativos como «no sirvo para nada» o sentirse culpable por problemas de los adultos (como un divorcio).
- Regresiones: Volver a hablar como bebé, orinarse en la cama o mostrar temores obsesivos por la muerte.
- Simbolismos de muerte: Elegir «finales tristes» en sus juegos, dibujos o representaciones teatrales.
La urgencia de la prevención y el manejo del riesgo
Debemos ser extremadamente cuidadosos al diferenciar el nivel de riesgo:
- Pensamiento suicida: El niño expresa deseos de no estar aquí.
- Ideación suicida: Existe ya un plan o una forma pensada para quitarse la vida.
- Conductas autodestructivas: Escaparse de casa o hacerse daño físico.
La prevención comienza con un estilo de crianza empático. No se trata de eliminar los límites, sino de fortalecer la autoestima y la tolerancia a la frustración desde el amor y la validación. La educación emocional es fundamental: hablar de los afectos y tener espacios familiares donde cada integrante pueda expresar cómo se siente sin ser juzgado.

Aportaciones de el revistazo:
Datos investigados en el revistazo de la ENSANUT 2022 muestran que los métodos de intento de suicidio varían drásticamente por sexo: mientras los hombres jóvenes suelen inclinarse por métodos más letales como el ahorcamiento (14.2%), las mujeres suelen recurrir al envenenamiento por medicamentos (25.8%), lo que subraya la importancia de mantener un control estricto sobre los fármacos en el hogar.
La depresión infantil es una realidad que no podemos permitirnos ignorar. Si notas que la tristeza o la irritabilidad de tu hijo interfiere con su vida escolar o familiar, busca el apoyo de un profesional de salud mental de inmediato.¿Has notado alguna de estas señales en tus pequeños o en su entorno escolar? Te invito a compartir tus reflexiones en los comentarios. Estaré atenta para responder y acompañarlos en esta conversación necesaria. Explora más contenidos sobre crianza consciente y bienestar en el revistazo.













2 comentarios en “Depresión en la infancia”
Excelente artículo de la colega Ana Patricia. En consulta vemos cada vez más casos de comorbilidad con TDAH que en el fondo esconden un cuadro depresivo no diagnosticado. Es vital lo que menciona sobre la desregulación de la serotonina; no todo es conductual, hay una base biológica que no podemos ignorar con puras ‘ganas’ de estar bien.
Qué fuerte leer esto… a veces uno como mamá piensa que solo están haciendo berrinche o que son ‘etapas’ por la edad, pero lo de la irritabilidad me dejó pensando mucho. Mi hijo de 9 años ha estado muy explosivo últimamente y se queja mucho de dolor de panza antes de ir a la escuela