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CÓMO LA FAMILIA DIBUJÓ LA PERSONA QUE ERES HOY

CÓMO LA FAMILIA DIBUJÓ LA PERSONA QUE ERES HOY

EL MAPA SECRETO DE TU INFANCIA

CÓMO LA FAMILIA DIBUJÓ LA PERSONA QUE ERES HOY

Hay preguntas que todos nos hacemos en algún momento de la vida adulta y en el revistazo trataremos de resolverlas, en una conversación maravillosa. ¿Por qué reacciono así ante el conflicto? ¿Por qué me cuesta tanto confiar en los demás? ¿De dónde viene esta autoexigencia que no me deja en paz? Para la psicóloga Karina Meza Morales, egresada de la FES Zaragoza UNAM y con Maestría en Psicoterapia Cognitivo Conductual, las respuestas a estas preguntas no están flotando en el aire, sino que tienen raíces profundas en nuestro primer territorio emocional: la familia.

Con una trayectoria marcada por la perseverancia y la búsqueda de soluciones basadas en evidencia, la Mtra. Meza Morales se ha especializado en terapias de vanguardia como la Terapia de Esquemas. Hoy, nos abre las puertas a su conocimiento para ayudarnos a descifrar ese mapa emocional que se trazó en nuestros primeros años y que, sin darnos cuenta, sigue guiando nuestros pasos.

EL PRIMER ESCENARIO DONDE APRENDEMOS A SENTIR

«La familia es para casi todo individuo el primer punto de partida para comenzar a interactuar en comunidad», señala de entrada la experta. Piénsalo por un momento. Antes de la escuela, los amigos o el trabajo, nuestro hogar fue el primer escenario del mundo.

«Desde que nacemos, experimentamos las primeras emociones y estas se van desarrollando en función del contacto que tenemos con otros», añade. En ese núcleo familiar no solo aprendimos a caminar o a hablar, sino también a sentir. Aprendimos qué hacer con la rabia, cómo gestionar la tristeza o si era seguro expresar la alegría. Fue allí donde, según nos explica la Psicóloga Meza, recibimos la primera retroalimentación sobre nuestras emociones, un aprendizaje que se graba a fuego en nuestra mente.

psicóloga Karina Meza Morales - CÓMO LA FAMILIA DIBUJÓ LA PERSONA QUE ERES HOY

LAS CICATRICES INVISIBLES LOS ESQUEMAS QUE NOS DEFINEN

Durante su práctica clínica, Karina Meza ha identificado un patrón claro. «La familia y sus interacciones son los pilares que actúan como primer contexto de aprendizaje emocional, cognitivo y conductual», afirma. Para explicar cómo estas experiencias tempranas nos moldean, nos introduce a un concepto clave de la Terapia de Esquemas (TE).

«Se parte de la premisa de que durante la infancia, las personas desarrollan patrones de pensamiento, emoción y conducta, llamados esquemas tempranos, para dar respuesta a sus necesidades emocionales básicas, ya sea que estas hayan sido cubiertas o no».

En palabras sencillas, estos esquemas son como «manuales de supervivencia» que creamos para adaptarnos. «Básicamente, los desarrollamos para sobrevivir al entorno», explica Meza. Si un niño crece en un ambiente de afecto y seguridad, sus esquemas serán saludables. Pero, ¿qué pasa cuando el entorno es hostil, inconsistente o estresante? Esos manuales de supervivencia se vuelven rígidos y, aunque nos ayudaron en el pasado, se convierten en trampas en la vida adulta.

«Estos esquemas se activan cada que una situación ‘similar’ se presenta, influyendo en cómo nos relacionamos, en nuestra regulación emocional y en la toma de decisiones, aun cuando ya no estemos en un sitio inseguro», advierte la psicóloga. Es el eco del pasado resonando en nuestro presente.

EL ECO DE UN GRITO, LO QUE SE APRENDE SIN PALABRAS

Uno de los puntos más reveladores que nos comparte la experta es que el aprendizaje más profundo no siempre viene de las palabras. «La mayoría del aprendizaje no ocurre a través de discursos, sino a través de actitudes, silencios y patrones de respuesta emocional», puntualiza. Son las reglas no dichas, los mensajes implícitos, los que más nos marcan.

Para ilustrarlo, la Psicoterapeuta Meza Morales nos presenta un ejemplo devastadoramente común. «Pongamos un ejemplo: Un papá le pide a su hija que le ayude en alguna actividad del hogar. Mientras la niña está haciendo su mejor esfuerzo, quizá con manos torpes o nerviosa porque teme un grito, el padre, desesperado, no la acompaña, sino que comienza a llamarla tonta, a gritarle que no sabe hacer nada y le arrebata violentamente lo que tiene en las manos».

¿Qué aprende esa niña en ese instante? Mucho más que una simple lección sobre cómo hacer una tarea. «Este acto puede activar esquemas de autoexigencia, vulnerabilidad, desconfianza e insuficiencia», detalla la experta. De este evento nace una creencia disfuncional: «si me equivoco, me rechazan».

El verdadero problema, como subraya Meza, es que esta creencia no se queda en la infancia. «La generalizamos y continuamos usándola a lo largo de nuestra vida». Esto nos lleva a vivir en un estado de alerta constante, evitando desafíos por miedo a fallar o convirtiéndonos en perfeccionistas implacables.

En otros casos o contextos, también seguro podemos recordar e identificar cómo es un adulto “haciendo berrinche”: que grita, que lanza cosas, que llora sin control o golpea. Ese es otro buen ejemplo de un adulto desregulado que utiliza estas estrategias debido a la falta de necesidades cubiertas en la infancia.

CUANDO CUIDAR TAMBIÉN FUE DIFÍCIL POR QUÉ NO ES SOLO RESPONSABILIDAD DE LOS PADRES

Antes de caer en la trampa de culpar a nuestros padres por todo, la Mtra. Meza nos invita a ampliar la mirada. «En muchos casos, las familias sí querían cuidar; sin embargo, no siempre se cuenta con los recursos emocionales, materiales o sociales para hacerlo». La crianza no ocurre en el vacío. Está atravesada por factores que van más allá de la voluntad individual. «Estrés económico, violencia estructural, mandatos de género y precariedad emocional heredada, todo esto impacta en la crianza», enumera. Un padre o una madre agotados por jornadas laborales extenuantes, sin redes de apoyo y lidiando con sus propias heridas, difícilmente pueden ofrecer un cuidado ideal.

Es importante cambiar el concepto de culpa por responsabilidad, ya que la primera paraliza y la segunda lleva a la acción. Contemplar la responsabilidad en este tipo de escenarios, nos permite visibilizar la parte que le corresponde a cada miembro de la familia, pero también de la sociedad y cómo todos y todas formamos parte del cuidado.

Aquí es donde la psicoterapia se convierte en una herramienta poderosa, no como una solución mágica, sino como un espacio de comprensión. Permite entender cómo esas experiencias dolorosas derivaron en dificultades actuales y, más importante aún, cómo construir respuestas más sanas y flexibles.

INFANCIA NO ES DESTINO, PERO SÍ ES EL PUNTO DE PARTIDA

La Terapia de Esquemas, nos cuenta Karina Meza, ofrece una estrategia llamada «reparentalización limitada», así como otras que utilizan el diálogo de estructuras infantiles, parentales y de estrategias de afrontamiento no adaptativa con un modo saludable, ya sea que se potencialice o se cree en el consultorio a través de la relación terapéutica. No se trata de borrar el pasado, sino de ofrecer una «experiencia emocional correctiva» en el espacio seguro de la terapia. Es darle a la estructura infantil, ya sea vulnerable o enojada, (según sea el caso) el apoyo y la validación que quizás no tuvo, para que el adulto de hoy pueda actuar desde la libertad y no desde la herida.

terapia - psicóloga Karina Meza Morales - CÓMO LA FAMILIA DIBUJÓ LA PERSONA QUE ERES HOY

Es importante no confundir el término “niño interior” con el modo infantil en terapia de esquemas, ya que el primero funciona como una metáfora popular que se ha desvirtuado en redes sociales. No obstante, el segundo es un estado psicológico específico y observable que se activa ante ciertas situaciones y no está todo el tiempo, sin embargo refleja necesidades emocionales no satisfechas, pero no es “ser niño otra vez”, sino es cómo un adulto tuvo necesidades no cubiertas en la infancia que lo llevan a actuar con conductas disfuncionales hasta cubrirlas de manera satisfactoria.

«De ninguna manera se pretende dar a entender que ‘infancia es destino’», concluye la experta. «Pero sí que hay una relación importante en cómo la experiencia previa marca pautas en nuestras interpretaciones y respuestas».

La buena noticia es que esas estructuras que creamos para sobrevivir son adaptaciones, no condenas. Comprender nuestra historia es el primer paso, pero el verdadero bienestar se construye en el aquí y el ahora, en nuestras relaciones actuales y en la decisión activa de elegir respuestas más flexibles. Crecer no es solo sanar lo individual, es reconocer que somos parte de sistemas complejos y que, al entendernos, podemos empezar a construir entornos más sanos para nosotros y para los que vienen.

Un artículo de Karina Meza Morales, Licenciada en Psicología por la UNAM y Maestra en Psicoterapia Cognitivo Conductual.

Te invitamos a dejar tus dudas en los comentarios; la Mtra. Meza Morales estará feliz de leerte y darte su punto de vista.

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