¿Cuál es el mejor Batman que ha pasado por nuestras pantallas?
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Parece mentira, porque se le ve en forma, pero el Hombre Murciélago ya lleva ochenta años entre nosotros, barriendo la Batcueva por el día y las calles de Gotham por las noches. Batman nació entre las viñetas del sello Detective Comics allá por mayo del 1939, concebido por las plumas del dibujante Bob Kane y el guionista Bill Finger como un muchimillonario Bruce Wayne que combatía el crimen disfrazado. En aquellas primeras apariciones junto a bocadillos de tinta, el superhéroe se presentó como un vigilante de espíritu pulp que gustaba de hacer cosplay de quiróptero cuando faenaba, un soldado enmascarado con mucha mala leche y muy pocos escrúpulos a la hora de ajusticiar a los rufianes.

Un año más tarde, la editorial optó por rebajarle las revoluciones, para hacerlo más afable y menos asesino, al tiempo que se le asignó un compañero de aventuras llamado Robin. La jugada fue todo un éxito y los cómics de Batman duplicaron sus ventas mientras Superman miraba de reojo con envidia. A la altura de los años cuarenta, sus creadores decidieron abandonar las temáticas sociales en sus páginas para centrarse en la diversión desenfadada, porque los lectores ya tenían bastante tragedia en la vida real por culpa de cierta guerra mundial. Al mismo tiempo, la capa del justiciero nocturno se aventuró a cambiar de medio para saltar a las salas de cine. Y desde entonces, la silueta de Batman se ha convertido en una habitual de nuestras pantallas, arropando a todo un ejército de hombres murciélago diferentes a lo largo de los años, desde las creaciones puramente televisivas a los sosías de los cómics más oscuros: superhéroes kitsch que bailotean con gracia, vengadores atormentados que sufren fuertecito, guerreros callejeros que reparten con ganas, detectives en la sombra o supuestas caricaturas capaces de entender mejor el legado del personaje que muchos degustadores de sus tebeos.

Robert Pattinson acaba de aletear por los cines de todo el planeta vestido de Batman y cultivando muchísimo éxito. Probablemente, no tardará demasiado en volver a calzarse el antifaz del hombre murciélago y, de seguro, no será el último en hacerlo. Porque Batman siempre ha estado en la pantalla, adoptando una apariencia u otra, oteando la ciudad desde las alturas, invitándonos a patrullar junto a él las calles menos recomendables. La encuesta de esta semana aborda ese legado cinematográfico y televisivo del héroe, y funciona como el equivalente a una batseñal incitando a la discordia: ¿cuál ha sido el mejor Batman que ha pasado por nuestras pantallas? Los candidatos principales en la carrera por el título de Mejor Caballero Oscuro del Universo Audiovisual se detallan a continuación, pero nos gusta recordar que la sección de comentarios está abierta para recibir cualquier tipo de sugerencia o quejido adicional.

(La caja de voto se encuentra al final del artículo)


Lewis Wilson en Batman (1943)

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Batman. Imagen: Columbia pictures

Lo cierto es que Lewis Gilbert Wilson se ha colado como candidato en esta lista más por pura cortesía que por tener alguna posibilidad de ganar. Y también porque produce mucho descojone el planchar aquí la foto del actor embutido en un traje de Batman que parece un cruce entre el pijama de felpa gorda, los pañales para adultos y la línea de flotación de los cinturones de Julio Iglesias.

Pintas de peluche pocho aparte, a su Batman normalmente no lo recuerda prácticamente nadie y la razón de dicho olvido colectivo está amarrada a su condición de producto peculiar y exclusivo de su tiempo: el Batman de los cuarenta fue un serial cinematográfico de bajo presupuesto que reunía semanalmente las familias en la sala de cine para disfrutar de nuevos capítulos de las aventuras del enmascarado junto a Robin (Douglas Croft). Un entretenimiento ligero, creado solo cuatro años después de que el personaje naciese en las páginas de los tebeos, en el que los estadounidenses se sumergían para olvidar que su país andaba enredado en una movida importante llamada Segunda Guerra Mundial.

Wilson tenía cara de señor a pesar de que apenas sumaba veintitrés primaveras y para la interpretación iba muy justito, pero cumplía bastante bien cuando prorrateaba mamporros entre los villanos con una violencia inaudita para su época.  Lo hermoso es que gracias a internet ahora es posible contemplar los quince capítulos del tirón en forma de peliculaza de tres horas y pico que algún alma noble ha tenido a bien subir a YouTube. Wilson nunca fue el mejor, pero sí que fue el primero. Su éxito propició la creación en 1949 de otro serial a modo de secuela titulado Batman and Robin con nuevos actores, Robert Lowery como Batman y Johnny Duncan como Robin. Otra curiosidad añeja y desconocida que lucía vestuario tronchante, ojo a las orejas-cornamenta que vestía Lowery.


Adam West en Batman (1966-1968)

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Batman. Imagen: 20th Century fox television.

Durante años, el Batman sesentero ha sido objeto de mofa, befa, bromas, miradas condescendientes y críticas destructoras, pero, eh, poca broma con él. Porque Adam West no ha convertido su nombre en una institución más sólida que la catedral de Gotham por gracia divina, sino con un show que en el fondo es una de las mejores cosas que le han ocurrido al personaje.

A mediados de los sesenta, la cadena ABC y la 20th Century Fox querían un programa de acción, divertido pero sensato y formal, basado en el personaje de DC del que habían comprado los derechos. Hasta que el productor William Dozier, que no había leído un tebeo en su vida, ojeó un par de números de Batman y decidió por sus gónadas morenas que aquello solo podría funcionar si lo convertían en un circo. Los guionistas entraron en el juego e idearon tropelías tontorronas de esencia camp, con mucho porrazo slapstick, alma de dibujos animados, estética pop-art y diálogos completamente disparatados.

Aburridos como andamos hoy en día de los Batmans sufridos y atormentados, la versión de West funciona como una farra refrescante: un héroe que baila el Batusi, tiene la mejor tonadilla de entrada de la historia, escupe chistes malos, surfea contra el Joker, acumula cameos mientras escala una pared que huele a fake desde otro planeta, lleva en su cinturón repelente para tiburones y se pelea entre onomatopeyas visuales. Por todo ello, la serie Batman y la película del sesenta y seis basada en ella, son joyazas audiovisuales inmortales. Por eso y, sobre todo, por el acertijo del plátano-bolígrafo, o el mejor y más ingenioso puzle que ha planteado el malvado Enigma en una historia del enmascarado. Lo cierto es que aquí, al Batadamwest de los sesenta lo queremos tanto como para haberle dedicado un artículo entero.


Michael Keaton en Batman (1989) y Batman vuelve (1992), de Tim Burton

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Batman. Imagen: Warner Bros.

A finales de los ochenta, tras años con ideas y guiones sobre Batman circulando entre productores (ocurrencias entre las que en algún momento figuró un Batman in outer space), la Warner se hizo con los derechos del personaje y puso en la dirección del asunto a un Tim Burton que hasta entonces solo tenían en su haber el corto Frankenweenie y las películas La gran aventura de Pee-Wee y Bitelchús.

Burton no controlaba mucho de viñetas pero aceptó tras ver que algunos cómics como La broma asesina o The Dark Knight Returns portaban un rollo oscuro que le hacía tilín, y también porque cualquier cosa que incluyese algo llamado Gotham ya le tenía ganado de antemano. Colocó en el latex de Batman a Michael Keaton, su Bitelchús, y la Warner le pagó a Jack Nicholson el PIB de un país pequeño para ejercer de Joker.

La película salió oscurilla y burtonesca, arrasó en taquilla y propició una secuela, Batman vuelve, donde Burton se desmadró mucho más metiendo de todo: ejércitos de payasos, sus espiralestm, un Pingüino (Danny DeVito) pesadillesco, juguetes tétricos, un B

atmóvil muy molón, una Catwoman (Michelle Pfeiffer) icónica, y un tono mucho más violento. Rindió bien en salas, pero menos que la anterior porque las sombras de Burton acojonaban a los niños que salían espantados del teatro, y en la Warner decidieron buscar a otro director menos tenebroso para sus secuelas. Puede que el Batman de Keaton no fuera el más deslumbrante, pero sí que encabezaba las películas más míticas. También fue aquel que descubrió los problemas del vestuario superheróico: por culpa de un cuello de goma rígido el pobre hombre era incapaz de ladear la cabeza cuando vestía el uniforme y le tocaba girarse cómicamente, como un robot.


Batman: The Animated Series (1992-1995)

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Batman: the animated series. Imagen: Warner Bros animation.

Las aventuras del detective murciélago ya habían visitado el terreno de los dibujos animados antes de entrar en los noventa: compartiendo show con el hijo de Krypton en The Batman/Superman Hour, con la voz de Adam West en The New Adventures of Batman, haciendo cameos en Barrio Sésamo o Scooby Doo y militando como parte del reparto en múltiples series de la tropa Super Friends. Pero lo de Batman: The Animated Series en el 92 fue muchísimo más serio. Creadas bajo la batuta de Bruce Timm, los capítulos de The Animated Series dibujaron un Batman complejo empapado en el film noir, y lo situaron en una Gotham de estética fascinante que, al inspirarse en el art déco, fue etiquetado maravillosamente por algún iluminado como «dark déco».

En la sala de doblaje, Batman era interpretado en la versión original por Kevin Conroy mientras en su adaptación castellana Fernando de Luis se encargaba de dar voz al enmascarado. En la pequeña pantalla aquellas aventuras fueron la bomba, historias con muchas aristas, una galería de villanos impagable, un Batmóvil fascinante y un héroe mayúsculo inteligente y humano que no tenía mucho que envidiar a sus homólogos del cómic. Para entender lo importante de Batman: The Animated Series tan solo es necesario recordar un detalle: Harley Quinn nació en estos dibujos y más tarde, tras demostrarse toda una estrella, saltó a los tebeos. The Animated Series está considerado actualmente como una de las mejores series de dibujos de la historia de la televisión. Hasta mediados de los noventa, el programa alumbró más de ochenta capítulos, una película notable (Batman: La máscara del fantasma) y una bonita ristra de series secuela como The New Batman Adventures, la futurista y raruna Batman Beyond o Liga de la Justicia.


Val Kilmer en Batman Forever (1995), de Joel Schumacher

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Batman forever. Imagen: Warner Bros.

Como las fruslerías de Tim Burton asustaban a los peques, en Warner Bros optaron por hacer borrón y cuenta nueva a la hora de fabricar otra secuela peliculera. Contrataron al recientemente desaparecido Joel Schumacher y le encomendaron la tarea de hacer un Batman más pop que engatusara a los chavales criados con la MTV. Entretanto, a Burton lo relegaron al puesto de productor y le hicieron el vacío durante las reuniones oficiales. Schumacher optó por rebajarle el tono gótico a la ciudad de Gotham y aplicarle una capa de tunning a base de neón colorido. Val Kilmer relevó como Bruce Wayne a un Keaton que se bajó del carro al decidir que le agobiaba tanta lucecita y al reparto se sumaron caras tan populares de los noventa como Jim Carrey, Tommy Lee Jones, Nicole Kidman o Chris O’Donnell.

Kilmer era más guaperas que su antecesor, su Wayne se cuestionaba durante un ratillo sus propósitos y el cuello de su uniforme de Batman era un poquito más flexible. Pero la verdad es que su rol acababa eclipsado por la pareja pasadísima de vueltas formada por el Carrey verde moco y el Jones bicolor, e incluso por ese O’Donnell que de aquella iba a comerse el mundo.

Sorprendentemente, las principales quejas de la fanbase apuntaron a los pezones que Schumacher había añadido al traje de Batman, «Vivimos en un mundo tan sofisticado como para que dos trocitos de plástico del tamaño de la goma de borrar de un lápiz, unas pequeñas protuberancias, sean un problema. Lo de los pezones va a estar en mi lápida, lo sé», recordaba el director cuando, años después, le sacaron el tema por decimonovena vez. Entretanto, Tim Burton seguía enfurruñado hasta con el nombre de la película: «Batman Forever suena a lo que se tatuaría alguien que estuviese puesto de drogas». Sea como fuere, Kilmer merecería ganar esta encuesta solo por añadir el concepto batpezón al universo del murciélago.


George Clooney en Batman y Robin (1997), de Joel Schumacher

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Batman & Robin. Imagen: Warner Bros.

Aquí es donde los valientes apuestan en serio. Tras el éxito de Batman Forever, a Schumacher le encargaron una secuela inmediata más juguetera y el tío se presentó ante el estudio con Batman y Robin y una factura de ciento cincuenta millones de dólares. O un tremendo desmadre de calidad cuestionable que parecía el cruce entre los Power Rangers, el Batman popero de los sesenta y un guion escrito por un niño de cinco años. Val Kilmer había abandonado la franquicia para irse a conocer La isla del doctor Moreau y en su lugar se colocó a un George Clooney que podía rodar aquello durante las horas muertas entre capítulos de Urgencias.

El reparto se completó con Arnold Schwarzenegger interpretando a Mr. Freeze pintado de azul, con una calva falsa, un puñado de leds entre los dientes y disparando sin parar una colección de chistes malísimos sobre el hielo y los congelados. Uma Thurman como Poison Ivy bailando sexy con un traje de gorila en un loquísimo homenaje a Marlene Dietrich. Alicia Silverstone como Batgirl y O’Donnell repitiendo tras el antifaz de Robin. Lo más bonito que se dijo de este film fue que «Hacía parecer buena a Batman Forever» y se cuenta que el propio Clooney le devolvía el dinero de la entrada a aquellos colegas que se molestaron en verla en el cine. Lo cierto es que el hombre era humilde: reconoció que en aquella película su Batman era el personaje menos importante de todos, pero agradeció que la producción le abriese puertas en Hollywood.


Batman (2004)

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Batman. Imagen: Warner Bros animation.

Otra serie de animación que llegó con buenas intenciones y ganas de reinventar al Hombre Murciélago, y un programa donde todo el mundo se refería al héroe oscuro como «The Batman» con el artículo bien marcado. Aquí, Rino Romano interpretaba al superhéroe en su versión original y David Robles en la adaptación a nuestro idioma. El problema es que, pese a gozar de buena audiencia, el Batman del 2004 no eran aquellas The Animated Series que habían dejado el listón tan alto. Y por eso mismo el público le cogió ojeriza al conjunto. Bueno, por eso y porque los nuevos diseños no eran del gusto de muchos y su Joker resultaba demasiado simiesco.


Christian Bale en la trilogía El caballero oscuro (2005-2012), de Christopher Nolan

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El caballero oscuro: la leyenda renace. Imagen: Warner Bros.

Bajo la dirección de Christopher Nolan llegó la saga del Batman más intensito. Christian Bale asumió el rol tras encerrarse en un gimnasio y protagonizó el reboot de la franquicia con una Batman Begins muy celebrada que bebía mucho del popular cómic Batman: año uno. El asunto fue a mejor cuando se estrenó la secuela El caballero oscuro, una película mucho más espectacular, potente y redonda que le debía mucho a tener a Heath Ledger vistiendo la chaqueta de un Joker psicópata y nihilista. Pero el bajón llegaría durante el cierre, con una El caballero oscuro: la leyenda renace que no estaba a la misma altura de las anteriores, y donde Nolan ya se había puesto tan grave con lo suyo como para meter música de tensión hasta cuando algún personaje tiraba de la cadena del váter. Bale, el eterno American Psycho aquí no estaba nada mal, pero era bastante risible y cuestionable lo de que su Wayne decidiera utilizar, cada vez que vestía la capa, el tono de voz de alguien que se acaba de fumar media tonelada de Ducados.


El intrépido Batman (2008-2011)

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El intrépido Batman. Imagen: Warner Bros animation.

Entre los (muy) numerosos retornos del hombre murciélago al mundo animado, el caso de El intrépido Batman destaca por haber pasado más de puntillas de lo que hubiese debido. Y era una pena porque se trataba de una serie animada nacida de una idea hermosa: la de devolver el tono desenfadado a las gestas del caballero oscuro, apuntando al tebeo ligero y a los infantes con ganas de divertirse. Diedrich Bader dotó de voz al personaje allende los mares y por aquí tuvimos a Roberto Encinas a cargo de los diálogos en castellano. El intrépido Batman, además de ser bastante maja tiene el honor de ser el único lugar en el que se puede escuchar a Batman espetar «¡El martillo de la justicia es unisex!».


Ben Affleck en el DC Extended Universe (2016-202?)

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Nuestro Batfleck. Imagen: Warner Bros pictures.

Ben Affleck, el Batfleck. El actor que recibió una tormenta de mierda en internet antes siquiera de rellenar la armadura del Hombre Murciélago. Y todo por culpa de fans muy poco comprensivos que consideraron que el anuncio de Affleck como nuevo Batman no se ajustaba a la imagen que ellos tenían del personaje. Porque ¿dónde se ha visto un Batman entrado en años y más fuertecito que fibrado, eh? A lo mejor en uno de sus cómics más reverenciados, claro, pero eso le da igual a los ladridos en mundos virtuales.

Batfleck se estrenó con Batman v. Superman: El amanecer de la Justicia encarando al Hombre de Acero, se dejó ver fugazmente por Escuadrón Suicida y participó en ese evento caótico llamado Liga de la Justicia y su delirante remake Liga de la justicia de Zack Snyder. Lo bueno es que Affleck cumplió bastante con su oficio, lo malo es que lo hizo en películas de lo más torpes.

Pero lo mejor de todo es que su paso por la gran pantalla nos otorgó la posibilidad de ver cómo el personaje evolucionaba ante nuestros ojos, de manera literal: el estreno de segunda versión de La liga de la Justicia incluía nuevas escenas donde el aspecto físico del hombre ya no era el mismo que el que lucía en el metraje original. Secuencias que al ser combinadas alegremente con lo rodado años atrás convertían el visionado en una pesadilla de raccord.

Curiosamente, parece que en el futuro Ben Affleck volverá a calzar las botas del vigilante nocturno, porque ya está programado su retorno como Batman en la película The Flash, si es que dicha cinta llega a rodarse cuando Ezra Miller deje de pelearse con toda la población de Hawái. El regreso sería un movimiento de lo más curioso porque no lo llevaría a cabo en solitario, sino acompañado de otro Batman clásico que aparece en esta misma lista: Michael Keaton.


Batman: La LEGO película (2017)

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Batman: La LEGO película. Imagen: Warner Bros.

Ojo a este. Porque supone la sorpresa, lo inesperado. El Batman ensamblado en LEGO (interpretado por Will Arnett en la versión original y por Claudio Serrano en la doblada) apareció como un secundario en La LEGO película de 2014 y por su carisma acabó ganándose el comandar un largometraje propio. Lo llamativo es que dicha versión a bloques de Batman resultó, al igual que ocurrió con La LEGO película, ser una auténtica joya cuando todo el mundo se esperaba poco más que un gigantesco anuncio de juguetes.

Porque detrás del Batman LEGO había un equipo de guionistas, creativos y animadores capaces de extraer oro de la premisa juguetera. De crear una comedia descacharrante y, de paso, de absorber, comprender y homenajear a todas las interpretaciones pretéritas de Batman en cómics, series y películas. Desde el inocente Adam West televisivo hasta el insondable caballero oscuro de Bale. En los fotogramas de Batman: la LEGO película el actor Billy Dee Williams le da voz a Dos Caras porque él es el señor que interpretó a Harvey Dent en el Batman del 89; Barbara Gordon y Alfred repasan las producciones audiovisuales del héroe (seriales incluidos) con más eficiencia que la presente encuesta; reaparecen por la trama más de una treintena de viejos enemigos del vigilante, provenientes de diferentes eras; es posible avistar todos los batmóviles y gran parte del vestuario icónico de la franquicia; y los chistes para los connaisseurs del personaje se disparan a cada segundo.

Pero el film no se conformó con eso, sino que también agarró con descaro elementos famosos de otros entretenimientos, para añadirlos a su propia trama: el ojo de Saurón de El Señor de los Anillos, los dinosaurios de Jurassic Park, una escena de Jerry Maguire, los Daleks de Doctor Who, un Kraken, el Voldemort que atormentaba a Harry Potter, los gremlins de Steven Spielberg, los esqueletos guerreros de Jasón y los argonautas, la música de Nunca me han besado, el agente Smith de Matrix, la bruja del oeste de El mago de Oz o el escualo de Tiburón. Gracias a todo ello, Batman: la LEGO película no solo fue la aventura más disparaTada y divertida del enmascarado de Gotham, sino también la batidora pop definitiva.


Robert Pattinson en The Batman (2022), de Matt Reeves

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The Batman. Imagen: Warner Bros.

En 2022 recibimos a un nuevo Batman, en este caso a un nuevo The Batman con Robert Pattinson como el vengador nocturno a las órdenes del directo Matt Reeves. Es cierto que a Pattinson fue fácil pillarle tirria por culpa de aquellas películas de vampiros sin sangre, pero también lo es que él mismo se ha defecado públicamente en la sosería de ese rol que lo hizo famoso. Y, sobre todo, que durante su carrera posterior ha demostrado no solo ser buen actor, sino también uno que arriesga en sus proyectos al meterse en cosas como Good Time, El faro, Maps to the Stars, El cazador (The Rover), Cosmopolis o El diablo a todas horas.

En su caso, al igual que ocurrió con Affleck, la noticia de Pattinson como nueva encarnación del mito de Gotham fue recibida con lamentos y lloros de un montón de comiqueros que veían al hombre demasiado tirillas para luchar contra el crimen. Tampoco ayudó mucho que el propio actor trolease los ánimos al bromear asegurando que ni siquiera se entrenaba para el papel. Hasta que el reciente estrenó de The Batman acalló las tonterías. Reeves construyó una aventura muy sólida, que bebía de David Fincher y el thriller detectivesco, lucía una fotografía y una puesta en escena espectaculares, y presentaba a un Batman capaz de entrar en escena sin concesiones, repartiendo hostias como panes. Un héroe que también se descoyuntaba al tratar de planear porque todavía no le había pillado el truco a lo de ser el terror que aletea en la noche. The Batman supuso el retorno del blockbuster rotundo y la confirmación de que las pelis del personaje funcionan mejor cuando contienen menos cantidad de Bruce  Wayne. La única pega del film es una cuestión de tiempo: es muy bonita de ver, pero dura unas mil horas, así a ojo.


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