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Concepto erróneo: la embriaguez aumenta diez veces la sensualidad

¿Quién dijo que el sexo era fácil? Si la gimnasia que requiere es bastante rudimentaria, dos deseos que tienden el uno hacia el otro no siempre encuentran fácilmente el camino de la sensualidad y el encuentro erótico. Porque se trata de la forma en que cada uno se mira a sí mismo y sus aptitudes, de la sexualidad y la legitimidad de expresarse allí, del otro y de la idea que tenemos de sus expectativas. Así, aunque animados por las más ambiciosas y creativas intenciones, no dejamos de observarnos en este proyecto, y de arbitrar con desafío sus apuestas psíquicas y relacionales, más que entregarnos a él pacíficamente.

A esto se suma que la sexualidad, expresión de impulsos, nos hace temer una oleada de fiera salvaje. Una razón más, muchas veces muy inconsciente, para mantener una postura de control, condición de nuestra sociabilidad. Así se configuran, en la encrucijada de los usos de la vida en sociedad y nuestra historia personal, nuestras inhibiciones, nuestro pudor, nuestra rigidez. Nos gustaría verlos volar con un chasquido de dedos… o en su defecto, una copa de alcohol, por unos instantes de libertad finalmente concedida. Apenas unos minutos son suficientes para que las diminutas moléculas de etanol contenidas en una bebida alcohólica se difundan en la sangre. Luego migran a las células del cerebro, modifican las membranas de las neuronas e impiden la activación de este circuito en el origen del control de nuestro comportamiento, nuestra capacidad de interpretar señales sensoriales y nuestras facultades de razonamiento.

El alcohol nos libera así de la presión de nuestras prohibiciones y da un lugar privilegiado a la expresión de nuestros deseos. Esto, aunque suponga tener una valoración errónea de la situación, pero sobre todo aunque suponga reforzar, una vez recuperada la normalidad, esas mismas defensas psíquicas para una mejor protección en el futuro. Porque no podemos sacudir nuestras inhibiciones con impunidad sin un revés de la fortuna. Después del momento erótico alcohólico, existe un gran riesgo de ver a nuestro superyó (nuestro juez interior) reforzar su lectura culpable y redoblar su tiranía. Así, cuanto mayores son nuestras defensas, más sufrimos psicológicamente este abandono fácil y rápido que nos aleja de nuestra imagen social. Sin embargo, cuanto mayores son nuestras defensas, más nos parece necesario recurrir a un pequeño empujón, un pequeño empujón, debería escribir.

Un círculo vicioso que acentúa una imagen devaluada de nuestras capacidades sexuales, que un posible desborde de alcohol no deja de acentuar su procesión de “síntomas”: pérdida de erección o dificultad para lograr la eyaculación para uno, dificultad en la lubricación y dolor en la penetración para el otro. O simplemente, un deseo irresistible de dormir. Y, contrariamente a nuestra expectativa inicial, ¡nuestra sensualidad se ha disparado! Reconocer que el alcohol no es en modo alguno una solución para liberarse y aumentar una sensualidad atada no significa satanizarla. Como siempre, se trata de moderación, y más aún de dar sentido a nuestras puestas en escena eróticas y sensuales.

Comentarios de otros artículos

  1. Yo tengo un problema, mis hijos no se quieren venir conmigo pero son chiquitos y mi marido los compra con…

  2. Doctor usted me puede curar una hemorroide externa???? No puedo con el dolor, vivo en canal nacional.

  3. Ya lo sigo en Tiktok. Esta usted muy guapo Licenciado. Gracias por compartirnos su talento. 🥰

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