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El privilegio de acompañar

el privilegio de acompañar

Una guía desde el corazón y la clínica para transitar la tercera edad.

Artículo escrito por Renée Agami para el revistazo

Antes de profundizar en los conceptos técnicos que mi trayectoria me ha permitido entender, quiero hablarles desde mi lugar más humano. Mi interés por la tercera edad no nació en un texto académico, sino en el pasillo de mi propia casa. Surgió cuando, como hija, me enfrenté al reto de cuidar a una madre mayor que requería mi tiempo, mi atención y mi apoyo total.

Yo quería hacerlo con amor y dignidad, pero me encontré en el torbellino de ser, simultáneamente, esposa, madre, abuela, psicoterapeuta y amiga. En ese equilibrio precario comprendí que ser hijo de un adulto mayor es, en realidad, una oportunidad para crecer de nuevo. Esta etapa no es el fin de una relación; es la fase más bendita y eterna de nuestro vínculo. Este texto es un homenaje a mi madre, quien hoy descansa en el cielo, pero cuya luz guía estas palabras para que ustedes, lectores, encuentren en la empatía y la paciencia el puente hacia una vejez más amable.

El arte de envejecer bajo la lupa de la ciencia y el espíritu.

Solemos pensar que el envejecimiento comienza a una edad específica, pero lo cierto es que empezamos a morir desde el instante en que nacemos. Sin embargo, la tercera edad es el punto culminante del desarrollo de los más genuinos potenciales humanos. Como bien señala el Dr. Claudio García Pintos, no es un proceso de declinación, sino de evolución y despliegue.

Es vital entender que no existe una «vejez única». La Asamblea Mundial fijó los 60 años como el inicio de esta etapa, pero la realidad es que conocemos «viejos» de 20 y «jóvenes» de 80. Todo depende de la historia individual, la personalidad y, sobre todo, la actitud ante la vida.

el privilegio de acompañar - lupa

La metamorfosis del cuerpo y las pérdidas invisibles del alma.

El paso del tiempo deja huellas visibles: la piel pierde su elasticidad y la densidad ósea nos vuelve vulnerables. Pero lo más profundo ocurre en el terreno de lo que no se ve. Al envejecer, el individuo se enfrenta a un alud de pérdidas simbólicas y sociales que impactan su identidad.

La jubilación, por ejemplo, no es solo el fin de la etapa laboral; a menudo conlleva la pérdida de una posición en la sociedad, una disminución en la estabilidad económica y un vacío de identidad que puede conducir a la desesperanza. A esto se suma el duelo por los seres queridos y amigos contemporáneos. En esta etapa, la rapidez con la que aparecen las pérdidas a veces no permite resolver una cuando ya se está inmerso en otra.

  • Aportaciones de «el revistazo»: Entender que el adulto mayor está «de duelo» constante por su autonomía o sus roles sociales es clave para que la familia evite juzgar su irritabilidad o tristeza y la transforme en acompañamiento activo.

La neurobiología de la madurez.

¿Por qué el cerebro cambia su ritmo?

A pesar de estos desafíos emocionales, el cerebro se reconfigura. A partir de los 55 años, la capa de mielina se adelgaza, haciendo el tiempo de respuesta más lento. No es falta de capacidad, es una reconfiguración de la sinapsis.

Curiosamente, un hallazgo clínico maravilloso indica que la amígdala (sede de las emociones) muestra menor respuesta a eventos negativos en la vejez. Esto significa que, biológicamente, el adulto mayor tiene un potencial superior para buscar la paz y la resolución constructiva de conflictos, siempre que se sienta validado en sus pérdidas.

La familia como el faro en la lucha contra la soledad.

La familia es la estructura que atiende la necesidad más profunda del ser humano: la pertenencia. En la tercera edad, este núcleo cobra una relevancia vital. El rol del abuelo no es solo una posición jerárquica; es un recurso clave en la lucha contra la soledad, ese sentimiento que surge tras la pérdida de roles sociales y que puede tener consecuencias físicas devastadoras.

Sentirse necesario es un elixir de vida. Las personas mayores que mantienen un rol activo en la dinámica familiar suelen vivir más años y con una calidad de vida notablemente superior a quienes enfrentan el aislamiento.

el privilegio de acompañar como un faro de luz

El desafío del cuidador.

Cuando el amor se convierte en agotamiento.

Cuidar a los padres es un desafío para el que nadie nos prepara. De pronto, el hijo se convierte en el guardián de la medicación y la higiene. Este esfuerzo puede derivar en el Síndrome de Burnout o del Cuidador. Los síntomas incluyen fatiga crónica, irritabilidad y una culpa punzante cuando no se está presente.

Es fundamental entender que el cuidador tiene derecho a sentirse frustrado. Si no encuentras momentos para cuidarte a ti mismo, terminarás enfermando junto a quien cuidas. El ocio no es un lujo; es una herramienta de salud mental para poder seguir brindando amor.

El triunfo de la voluntad.

La paciencia como antídoto al ruido interno.

Para transitar esta etapa con éxito, propongo cultivar dos habilidades: la empatía y la paciencia.

El arte de la empatía como puente.

La empatía es saber «leer al otro» sin prejuicios. Especialmente ante las pérdidas que ellos experimentan, no debemos minimizar lo que les preocupa. Escuchar con la mente abierta y evitar frases como «ya no pienses en eso» abre canales de comunicación donde el adulto mayor se siente seguro para expresar su duelo.

La paciencia.

Una conquista de la libertad.

La paciencia no es pasividad; es una respuesta basada en la sabiduría. Es el equilibrio para refrenar el impulso de reaccionar ante la lentitud del otro. Como decía Jean-Paul Sartre: «El hombre se hace al elegir». Nosotros elegimos cómo responder ante el estrés del cuidado.

El camino de la PacienciaEl abismo de la Impulsividad
Conduce a la asertividad y la paz interior.Conduce al equívoco y agrava los problemas.
Genera cercanía y vínculos sólidos.Genera distancia y heridas emocionales.
Es una respuesta de la conciencia y el análisis.Es una reacción de las vísceras y el ruido interno.
el privilegio de acompañar con paciencia

¿Cómo quieres transitar este camino?

La tercera edad es inevitable, pero la forma en que la vivimos es una decisión diaria. Tratemos a nuestros seres queridos mayores como nos gustaría ser tratados nosotros cuando el tiempo nos alcance, validando no solo sus dolencias físicas, sino también sus silencios y sus pérdidas. Siempre es el momento perfecto para reinventarnos.

¿Qué pérdida crees que es la más difícil de acompañar en un adulto mayor? Me encantará leer tus reflexiones en los comentarios; Renée estará feliz de interactuar con ustedes y compartir más sobre esta etapa de vida.

Información de contacto Renée Agami:

  • Especialidad: Psicoterapeuta con enfoque en desarrollo humano y acompañamiento en etapas de vida.
  • Contacto: Para consultas o asesoramiento sobre el cuidado del adulto mayor y salud mental, puede escribir directamente a través de los canales oficiales de «el revistazo».

«Este es un artículo muy especial que la autora dedica con amor a sus padres. Ellos la guiaron desde siempre y le concedieron el privilegio de acompañarlos durante sus últimos años»

3 comentarios en “El privilegio de acompañar”

  1. Excelente enfoque sobre la neurobiología de la madurez. Como gerontólogo, coincido plenamente en que la mielina cambia pero la sabiduría aumenta. Sin embargo, me surge una duda: ¿tienen algún directorio o recomendación de grupos de apoyo para cuidadores que estén pasando por el Síndrome de Burnout? Veo muchos hijos sobrepasados en mi consulta y me gustaría referirlos a un lugar serio. Muy buen artículo, saludos!

  2. Qué palabras tan necesarias, de verdad me llegaron al alma. A veces uno se siente tan culpable por perder la paciencia con sus papás, pero leer que es normal sentir ese agotamiento me quita un peso de encima. Gracias Renée por recordar que nosotros también somos humanos y que cuidar es un acto de amor pero tambien de mucho sacrificio. Me encantó la parte de que el cerebro busca la paz despues de los 55, ojalá todos pudieramos entender eso para no pelear tanto con ellos.

    1. otalmente de acuerdo contigo María Elena… a mi me pasa igual con mi abuelo. A veces es dificil no reaccionar de forma impulsiva cuando repiten lo mismo 20 veces jaja. Pero como dice el texto, la paciencia es una eleccion diaria. Me ayudo mucho la tabla comparativa de la paciencia vs la impulsividad, la voy a imprimir y pegarla en el refri para no olvidarme

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